EL PRONUNCIAMIENTO de los socialistas europeos contra la estrategia de Durao Barroso para relanzar la competitividad de la UE, conforme la acordado en Lisboa en el 2000, precedía en horas al anuncio del presidente Bush de reformar el sistema de pensiones, cuya historia se remonta a los tiempos de F.?D. Roosevelt, como parte de su estrategia para salir de la Gran Depresión. A los socialistas de la UE, el enfoque del presidente de la Comisión les parece muy escorado a la derecha: orientado por el modelo estadounidense de seguridad social y de la llamada economía de oferta, o de los Chicago Boys, tan antikeynesianos y, por ello mismo, opuestos a la economía de demanda, que tuvo su razón de ser. En el fondo del vaso hierve la pastilla del gasto público y el equilibrio fiscal. Pero el perfume que se desprende de esa efervescencia no es el de las estrategias económicas propuestas por el portugués Barroso, sino el de la estrategia electoral más cara al socialismo postmarxista. Ningún caladero de votos mejor que el del gasto público. También está detrás de este debate el pleito sobre el déficit público que se pactó también el año 2000 en la Cumbre de Lisboa, que tienen infringido Francia y Alemania: eje de la reticencia antiamericana en la UE. La onda llegará pronto a España. En Ferraz -se sabe por José Blanco- tiene sede la pretensión de que se «liberalice» el déficit presupuestario. Hay por eso quienes piensan que el vicepresidente Solbes, comisario de Economía que fue en Bruselas, debe poner las barbas a remojo para la navaja barbera de los sebastianistas, instalados en la sonrisa presidencial de Zapatero. Despierta pues, más allá del debate de Bruselas sobre la competitividad europea, la demanda política de la izquierda contra la política económica de oferta, atribuida a la derecha. La virguería dialéctica -de sabor francés-, estriba en decir que el «gasto social» es la clave de la expansión.