ESTA SEMANA han tenido lugar, en Davos (Suiza) y en Porto Alegre (Brasil), dos reuniones internacionales que constituyen la cara y la cruz de la misma moneda, para tratar de los problemas socioeconómicos del mundo en que vivimos. Son un foro económico y otro social. La cumbre de Davos ha reunido a más de 2.000 financieros y líderes políticos. Se ofrecen así oportunidades de relación con los poderosos del mundo que durante cinco días, encerrados en la nieve, sirven para conseguir acuerdos bilaterales o multilaterales de carácter informal, pero que pueden ser importantes. Allí se han tratado temas que preocupan a todos: el crecimiento económico de China, el calentamiento de la Tierra, la estabilización del Medio Oriente, los precios de la energía, las enfermedades pandémicas, la reconstrucción de los países devastados del Sur de Asia, etcétera¿ con debates para buscar soluciones en tiempo de crisis global. Acostumbrados a creer que los problemas del mundo son de índole política, aunque los grandes pensadores nos hayan avisado que son de carácter estructural, es decir, de adaptación a las nuevas circunstancias, no somos capaces de asimilar la verdadera dimensión del cambio a que estamos sometidos. La revolución tecnológica de las comunicaciones y la globalización consecuente están afectando a toda la estructura de lo que se ha dado en llamar el nuevo orden mundial. Frente a este foro en las heladas montañas de Suiza, se ha reunido también el Foro Social de Porto Alegre, en las cálidas tierras de Brasil. Esta cumbre es social, continuidad de la llamada de un sindicalista que hoy es presidente de Brasil, Lula. Pero ya el año pasado, después de abrir la cumbre social, se fue a Davos con los poderosos. Ahora su partido tiene la responsabilidad de gobernar un país de más de cien millones de habitantes, donde la mitad pasa hambre. Por eso Lula, compagina lo uno y lo otro. Allí, en Davos, Bill Gates ha prometido financiar una campaña de vacunación a los niños de Africa, aportando de su bolsillo más de 800 millones de dólares. No es un mal primer paso.