No nos pisemos la manguera

| JOSÉ MARÍA CALLEJA |

OPINIÓN

HA COSTADO muchos años conseguir que a las víctimas del terrorismo se les considere desde el punto de vista humano y se les valore desde el punto de vista político. En los setenta y en los ochenta las víctimas eran sujetos que se merecían la muerte; acreedores de su sufrimiento que tenían que dar explicaciones sobre por qué les habían matado. El idiota moral engatillaba soberbio unas palabras mortíferas para explicar por qué se había asesinado a este policía o aquel civil, por qué se pegaba un tiro en la nuca a aquel guardia o a este concejal. La culpa era del muerto, que nunca tenía contexto político; y la virtud acampaba en los criminales, llenos de razón y de contexto para asesinar a troche y moche. Ha costado años establecer que las víctimas no eran los culpables, no; que los malos eran los asesinos, sí; y que no hay contexto que valga para el asesino y sí debe de haber cariño humano y explicación política para el asesinado. En los setenta y en los ochenta, asesinato y nuevo asesinato con el olvido; en los años noventa y en los dos mil, reconocimiento humano, retribución material y aprecio político: a las víctimas no se les asesina porque sí; a Gregorio Ordóñez, a Fernando Buesa, se les asesina por ser del PP o por ser del PSOE, casi nada. Se les asesina por ser políticamente incorrectos en el discurso nacionalista lunático, excluyente, fanático y demencial. En éstas estamos cuando una manifestación de apoyo a las víctimas deriva, por mor de unos fanático amasados con odio, en un ataque a gente tan respetable desde el punto de vista humano y político como José Bono o Rosa Díez. Cuando en una manifestación Rosa Díez o Ana María Vidal Abarca se sienten mal, es que algo muy grave ha pasado. El caso es que después de años de esfuerzo, nos encontramos con que el territorio de consenso de las víctimas salta hecho pedazos y ya tenemos víctimas de un lado y del otro, víctimas buenas y malas. En la lucha cainita hacia la nada ya teníamos jueces de izquierda y de derecha, fiscales progres y ultras, policías del SUP y amarillos, periodistas más o menos rojos y fachas, curas..., bueno, curas parece que son todos de derechas, sea con el PP o con el PNV (cura vasco nacionalista es casi pleonasmo). Y en pura lógica ilógica, ahora tenemos división en las víctimas. ¡Por favor, no nos pisemos la manguera! Es la mínima obligación que tenemos entre los bomberos que tratamos de salvar la democracia de las arremetidas de cabestro que amenazan a la madre de la convivencia, de la democracia, la libertad y el progreso. Si políticos que venían del franquismo han sido capaces de legalizar al PCE; si comunistas que venían de la dictadura del proletariado han aceptado la bandera de la monarquía; si socialistas que se reclamaban de la República han viajado en el Azor ; si hemos tejido entre muchos distintos una red de guiños y complicidades, no tiremos ahora por la borda en minutos lo que ha costado años de consenso, paciencia y responsabilidad democráticas. Compañeros del PSOE y del PP, es mucho más lo que nos une que lo que nos separa; es mucho más importante la madre de la democracia que sacarse la piel a tiras por quítame de ahí unos votos, mientras el gran embaucador delira. Discutan y marquen diferencias en todo menos en aquéllo que constituye la clave de bóveda de la democracia, de la libertad, del progreso.