TENEMOS un Plan Galicia y enseguida llegará el Polo de Desarrollo. ¡Resucitemos a López Rodó! al grito de todos al Pazo (de Meirás, se entiende), después de lo que el pasado día 15 revelaba en este mismo periódico ( Las promesas de Meirás ) Carlos Fernández. Pero los famosos planes del franquismo y de su ministro del Desarrollo, Laureano López Rodó, tampoco llegaron nunca a Galicia, a pesar de Meirás, La Zapateira, El Ferrol cuando se llamaba del Caudillo¿ Nos queda este periódico, que no renuncia a ser parte misma de la sociedad civil desde sus orígenes, hace mucho más de un siglo, y hasta el último aliento de cada uno de sus números, de cada una de sus ediciones. Es decir, que no está en la predilección de los políticos, que van por diferentes (¿contrarios?) caminos. Me pone los pelos como escarpias escuchar a los políticos cuando se acercan por Galicia o cuando hablan de Galicia. Leo en estas mismas columnas cada día referencias al famoso Plan Galicia que existe, como ha escrito Carlos G. Reigosa, porque «es así como han decidido llamarle los gallegos a lo que les falta». ¡Claro!, y lo que les prometen unos y otros sólo son compromisos oportunistas que nunca se ejecutan, con los que tratan de ocultar el endémico abandono que sufre la región gallega. Recalquemos otra vez el feliz hallazgo de Carlos G. Reigosa: «Plan Galicia: como llaman los gallegos a los que les falta». Pero Magadalena Álvarez, la ministra de la cosa, sigue discutiendo si mercancías o pasajeros, mientras se acumulan los retrasos para la puesta en marcha del AVG (no es errata, se trata de la Alta Velocidad Gallega¿ o, lo que es lo mismo, La Coruña-Madrid: 10 horas de tren, y no se asome usted al exterior, porque es peligroso) y de las demás infraestructuras. Yo estaba también en el almuerzo del que Carlos G. Reigosa recuerda la pregunta que hizo alguien y que relata en su artículo: «Pero entonces, ¿el Plan Galicia existe?», y el ensordecedor silencio de la respuesta. En esa misma comida otra persona pronunció una reflexión en voz queda, que escuchamos todos: «Nos están engañando, sé que nos están engañando¿». Y para colmo, tenemos año electoral. Pero ya saben: lo importante ahora es el plan Ibarretxe, aunque de sobra saben los gallegos que el plan (con minúscula) Galicia es lo que les falta.