La firmeza necesaria

OPINIÓN

18 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

RESULTA que lo que era obvio ya no lo es tanto. Ya no sirve aquello de cruzarse de brazos ante el Plan Ibarretxe porque era una carreta de carnaval que avanzaba por un callejón sin salida. Es como si de repente muchos se hubiesen dado cuenta de que, cuando alguien apuesta a jugar más allá de la ley y pone en peligro la convivencia, no se puede seguir mirando hacia otra parte o mostrarse tibio o indiferente. Porque el resultado puede ser malo. Y malo quiere decir que quien se salta la ley acaba por construir (e imponer, si puede) un discurso en el que quien se atiene a la legalidad y la acata aparece como un antidemócrata o un demócrata caduco, una especie de ser prehistórico que no entiende «la maravillosa oportunidad» (Ibarretxe dixit ) ante la que estamos. La maravillosa oportunidad de aceptar el plan del lendakari o acabar a tortas. Mientras ETA escenificaba ayer mismo la continuidad de su discurso explosivo. La firmeza necesaria no consiste en envolverse en la bandera de una crispación frentista. Consiste, sobre todo, en generar un discurso claro desde una posición pública enraizada en la legalidad vigente. Esto significa abandonar la cultura de la cesión permanente ante actitudes que pueden estar más o menos cerca del chantaje por parte de partidos o grupos nacionalistas. Significa, también, dirigir un mensaje claro a todos los españoles: no es necesario tener un Carod-Rovira para que el Gobierno se acuerde de incluir o potenciar determinado corredor ferroviario. Porque nada es peor que la confusión. Ibarretxe se presentó en Madrid el jueves y dijo que no venía a dar un portazo sino a traer soluciones. Pero dio un portazo. Lo dijo sin equívocos: o se traga con lo suyo o le da la voz a los vascos en un referéndum, algo que, como él sabe, sería ilegal. Rodríguez Zapatero le ha respondido con claridad. Y Mariano Rajoy también, sin estridencias. Porque no se trata sólo de parar un plan secesionista. Se trata, sobre todo, de dejar claro que España es un Estado de derecho, como Francia o Alemania, y aún más antiguo. La firmeza necesaria pasa por hacer que unas leyes que rigen para todos se cumplan puntualmente. Así desaparecerán muchas incertidumbres.