El riesgo de ir a por todas

OPINIÓN

16 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

EL ASESINATO de Miguel Ángel Blanco marcó la última inflexión en la historia de ETA, ya que la desmesura de aquel crimen sólo sirvió para demostrar que la estrategia etarra era insostenible. En el trayecto recorrido desde entonces se dejaron sentir acontecimientos tan importantes como el cambio de estrategia policial, la ilegalización de Batasuna, y la irrupción del terrorismo islámico, que obligó a ETA a marcar distancias. Este es el contexto que explica la aparición de iniciativas como el Plan Ibarretxe, que, más allá de sus intenciones reformadoras, trata de anexionar al PNV los votos aberzales. Y en la misma línea cabe situar las maniobras de Otegi, que, ya desde el Pacto de Lizarra, presumen la desbandada de ETA. La posibilidad de que ETA sea derrotada ya no es una incógnita en la política vasca. Lo único que se discute es cómo y cuándo va a suceder lo inexorable, y qué elementos pueden contribuir a acelerar o frenar, a dramatizar o aliviar, el momento de esa derrota. Si la desaparición de ETA se mira como un objetivo en sí misma, y se trata de acelerar el proceso, hay que darle salida al pus. Y eso implica recuperar la distinción entre los brazos político y militar del nacionalismo aberzale, para reconducir hacia el debate todo el horror de las armas. Pero si se quiere aprovechar la derrota de ETA para desintegrar el nacionalismo aberzale, o para asestarle un duro golpe electoral al PNV, la estrategia pasa por revolver las aguas y confundirlo todo, para generar una visión maniquea de la política vasca: PP y PSOE lideran a los buenos, mientras Ibarretxe e Imaz conducen las legiones infernales. Cuando Otegi se hizo con las riendas de los frentes aberzales ya hubo una ocasión de oro para crear un Gerry Adams e iniciar el drenaje del pus. Pero todo se frustró cuando Mayor Oreja quiso aprovechar el momento para ganar las elecciones. La tregua posterior, tildada de trampa y arrojada a la basura, también quedó frustrada por la estrategia del todo o nada. Y mucho me temo que lo que ahora se inicia, con la declaración de Anoeta, el Plan Ibarretxe y el comunicado emitido por ETA, va por el mismo camino. Porque es evidente que tanto el Partido Popular como el PSOE quieren unir la solución del problema terrorista a la anhelada conquista del palacio de Ajuria Enea. A nuestro favor tenemos ahora el lenguaje y el talante de Zapatero. Pero seguimos teniendo en contra el deseo de hacer un País Vasco a imagen y semejanza de las políticas de Madrid. Por eso soy pesimista. Porque el trasfondo del pacto Rajoy-Zapatero huele a puro rodillo contra Ibarretxe. Y eso es como cerrarle la huida, y darle algunos alientos, a los que ya están derrotados.