PONGAMOS que va Ibarretxe y dice: que esto es imparable, José Luís, que tengo a todos los vascos, y vascas, detrás, que he estado dos horas con Arnaldo, que con tal de que me vote uno de cada cuatro electores, electoras, de los de HB, me pongo en mayoría absoluta y entonces no me va a hacer falta ni convocar referéndum; que la fuerza me acompaña, que tengo un anillo, gordo y negro, en el dedo corazón de la mano derecha y mi mujer se ha puesto otro y no nos lo vamos a quitar hasta que no salga adelante el plan. Que tengo a la familia feliz; no se si viste el otro día: me llevé al pleno del Parlamento vasco a mi padre, con chapela, tú; casero, casero, y a mi hija, con chándal tipo kale borroka , y estaban eufóricos, que no puedo llegar ahora a casa y decirles que la cosa no va, que su padre no es para tanto; que te pongas como te pongas, José Luis, este plan lo saco yo aunque sea a tortas porque ya he dejado escrito y dicho en multitud de ocasiones que a mí me gusta pisar por donde pisa el buey, y la vaca, y ante eso no hay quien pueda. Además: ¿qué hay de malo en ello?, ¿por qué no podemos decidir los que queremos decidir, lo que nos da la gana decidir? Pero es que, además, aunque salga el plan la cosa no parará ahí; sabes cual es mi sueño, José Luis, pues mi sueño es llegar algún día a la capital del mundo -no necesariamente Bilbao- y poder decir: el Estado vasco independiente, reunificado, euskaldun y lo que nos dé la gana, se reserva el derecho de establecer en su recién estrenada constitución vasca el derecho a seguir reclamando ya veremos qué, por que no hay quien someta en el mundo la voluntad de los vascos, y vascas. Zapatero se toma un vaso de agua y sin abandonar su sonrisa automática, le dice: mira, lendakari, la democracia es precisamente eso, la democracia; es decir, las libertades, o sea, el hablar, el escuchar, el volver a hablar, volver a escuchar; es decir, hacer todo lo posible para que el otro no se cabree demasiado, pero sin dejarle que se salga con la suya. Tú me conoces, lendakari, sabes que no tengo bigote ¡ningún bigote!, que no me salen gallos cuando intento balbucear el inglés, sencillamente porque no paso de my taylor is rich , pero sabes que yo gano siempre: desde los congresos locales del partido en León, cuando nadie se fijaba en mí, yo no he hecho otra cosa que ganar y, además, siempre contra pronóstico, lo cual, quieras que no, y no me lo tomes como una pedantería, aumenta mi figura de estadista -con perdón, no entiendas Estado, esta vez, en el sentido excluyente, por favor-. El caso es que aunque yo no sea como Felipe -que decía aquello de quien me echa un pulso lo pierde; luego, no me echen pulsos-, tú esta partida no me la ganas, dicho sea, ahí sí con Felipe, sin acritud. Yo no voy a hacer como el PP; yo estoy dispuesto a traerme un retoño del árbol de Gernika a la Moncloa para que no extrañes cuando vengas los primeros viernes de cada mes a hablar conmigo, de verdad, que no tengo bigote, tú me conoces. Pero tienes que saber yo no he llegado a presidente de... bueno, eso, juntando las tapas del Danone. De manera que si tú estás convencido de pisar por donde pisa el buey, no sabes todavía en qué consiste la lucha leonesa: agarrar y no soltar. Hasta aburrir. Por cierto, te he traído el txakoli que te gusta y si quieres te abro un apartado en el mueble bar autonómico, pero no para todos los presidentes, sólo para tí. Si te parece muy fuerte lo que te digo te advierto que tengo otros planes. Los podemos dialogar, viernes a viernes.