QUE SE DEJE en libertad a un criminal que, para mayor inri , se mofa de sus víctimas y celebra con champán los éxitos macabros de otros colegas, constituye sin duda un fracaso del nuestro sistema legislativo, judicial y penitenciario. Pero obedecer lo que las leyes vigentes decían en el momento de cometerse tales crímenes no sólo es un éxito del Estado de Derecho, sino una de sus máximas garantías. Si las leyes están mal hechas o no se adaptan a la idea de justicia imperante en un momento dado, cámbiense. Pero mientras estén vigentes han de cumplirse. Por eso, y porque nuestra Constitución prohíbe la retroactividad de las normas sancionadoras más gravosas que el Derecho antes vigente, los jueces han hecho ahora con el etarra De Juana Chaos, por más que nos duela, lo único que podían y debían jurídicamente hacer. Y por eso no se debería emponzoñar con demagogia barata, ¡cual no lo es!, el ya precario crédito de la justicia. No hay derecho.