FRAGA está agobiado, apenas logra conciliar el sueño. ¿Qué sucede? ¿Acaso Baltar ha vuelto a urdir alguna trastada? ¿Lo carcome quizá que el paro siga bajando menos en Galicia que en España? ¿O tal vez le preocupa el fin del maná europeo y el remolonear de Fomento con nuestras inversiones? Nada de eso. Lo que desvela a nuestro premier es la astucia electoral de los dos partidos de la oposición. Y es que metidos ya en año de comicios en Galicia, las atractivas posturas del Bloque y de los socialistas gallegos van calando y se palpa por doquier que van a provocar un histórico vuelco en las urnas. Para batir al veteranísimo presidente que manda desde hace 13 años, el Bloque ha decidido apoyar el Plan Ibarretxe y decir «no» a la Constitución Europea. Una jugada maestra, pues es sabido que nada fascina más al arrojado electorado gallego que el independentismo y las posturas antisistema. Por su parte, los socialistas gallegos se han ganado el corazón de Galicia con su ejemplo de disciplina leal ante las órdenes que emanan de la central de Madrid. Callan con prudencia cuando La Moncloa nos mete goles ferroviarios y portuarios; y permiten que los conselleiros del PP, que aplaudían sin rubor los rácanos presupuestos que nos endosó Aznar durante 8 años, se presenten ahora como los paladines de las inversiones para el país. Por último, para hacer bien visible que son una opción firme de Gobierno en coalición, BNG y PSOE son incapaces de llegar a un acuerdo en Vigo y ceden graciosamente al PP la alcaldía de la mayor ciudad gallega. Como guinda, Touriño se apresta a advertir, sin necesidad alguna de hacerlo ahora, que no gobernará con el Bloque si no se planta contra el Plan Ibarretxe. Si siguen así, haciendo amigos, va a resultar que la mayor oposición a Fraga es su propia biología.