La sonrisa de Monna Lisa

| JORGE DEL CORRAL |

OPINIÓN

03 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

EL PRESIDENTE del Gobierno, Rodríguez Zapatero, ha mostrado su optimismo impenitente en la copa de Navidad que ofreció a los periodistas en La Moncloa, vaticinando un espléndido 2005. Está visto que a este hombre de sonrisa enigmática y maestro en el manejo de la comunicación política no le arredra nada. Asomarse al balcón del 2005 es hacerlo a un agujero negro: referéndum sobre la Constitución Europea; elecciones vascas, nueva fase del Plan secesionista de Ibarretxe y convocatoria del referéndum ilegal; reforma de estatutos autonómicos y aceptación del término «comunidad nacional» para esos territorios, en contraposición al artículo 2 de la Constitución y su basamento en «la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles¿»; reforma constitucional después de haber roto el consenso básico con la oposición; escalofríos en los archivos nacionales tras la decisión adoptada con el de la Guerra Civil que se guarda en Salamanca; proliferación del término nacional para museos, bibliotecas, auditorios, archivos y pinacotecas de ámbito autonómico; viraje de los socialistas vascos desde el constitucionalismo al nacionalismo de corte independentista, siguiendo la estela de sus correligionarios del Partido Socialista de Cataluña; empuje republicano merced al pacto entre la izquierda más radical y los nacionalismos irredentos para regresar a la Transición, arrumbarla y sustituirla por la estrategia de la ruptura; aherrojamiento del poder judicial a través del CGPJ; desvirtuación del matrimonio como unión de un hombre y una mujer; concesión del derecho de veto a los llanitos en Gibraltar, en clara ruptura con la posición mantenida por España en los últimos tres siglos desde el Tratado de Utrecht, y política exterior desconcertante en la que únicamente se detecta con claridad un fuerte acento europeísta. Por sí solo, este listado sería suficiente para poner nervioso al más sólido de los políticos clásicos, pero a ZP, inclasificable hasta el momento, nada de este marasmo parece inquietarle. Si Leonardo de Vinci quisiera dejarnos hoy el enigma de una sonrisa no pintaría a la esposa de Zanobi del Giocondo. Recurriría a ZP y su expresión giocondiana con la que cada interlocutor puede interpretar una idea y la contraria sin que Monna Lisa haya soltado prenda sobre la propia ni reaccionado ante el crepitar del fuego en la pira que arde a sus pies. Desde que ZP asumió la presidencia del Gobierno su mensaje se concentra en el amor a la verdad, la unión de todos los hombres por lazos de solidaridad y el relativismo moral. ¿Les suena a algo?