TODAVÍA no me he recuperado de esa imagen de unas olas gigantes (tsunamis) que aparecieron el domingo de repente en el horizonte y que arrebataron la vida (las cifras siguen creciendo) a más de cien mil personas en las costas del sureste asiático. He imaginado por un instante la retina de un plácido nativo o de un turista playero en la que se retrata, de súbito, la progresión implacable de un muro de agua que se lanza contra él y su entorno. Probablemente en ese instante sólo el pasmo de la incredulidad tiene cabida en un cerebro. Yo mismo me imagino tumbado en una playa viendo que el invariable horizonte marino se eleva por sorpresa diez o veinte metros para convertirse en un puño proyectado a toda velocidad y que arrasa cuanto halla a su paso. Fue el mismo domingo en que hice en coche el trayecto Madrid-Galicia bajo una nevada navideña, con obligado uso de cadenas en los puertos del Manzanal y Pedrafita do Cebreiro. Desde que salí de Madrid fui leyendo unos luminosos sobre la calzada que recomendaban precaución por la presencia de máquinas quitanieves. Cuando dejé atrás los dos puertos, todavía no había visto ninguna de esas máquinas. En cambio, sí que había visto a muchos automovilistas esforzándose en poner las cadenas y a otros que simplemente viajaban sin ellas, convencidos de que en las autovías no podía haber problemas porque las autoridades se encargarían de que así fuese. Ahora resulta que el presidente del Gobierno ha hecho una sana autocrítica, ha reconocido que «no fue suficiente» la gestión de la emergencia y ha anunciado la reforma de la Protección Civil para asegurar una respuesta «inmediata y rápida» en estas situaciones. ¿Cuál es la relación entre ambos sucesos? Por fortuna para nosotros no la hay, y menos aun en la proporción. Con unas cuantas horas más en la carretera, los afectados por la nevada hemos alcanzado los destinos previstos. En el sureste asiático, las víctimas hubieran sido muchas menos si los sistemas de alerta de maremotos hubiesen sido comunicables y compartibles en la zona. De lo cual se deduce, una vez más, que la clave está en la prevención, que siempre se puede mejorar. También en nuestro caso.