PUEDE PARECER un detalle menor, pero el Gobierno Zapatero se ha enfrentado a su primera emergencia: una gran nevada en las carreteras. Gobernar no es sólo tranquilizar a los nacionalistas, torear con la Iglesia o bregar con el poderío de los jueces. Es también estar en estas pequeñas cosas: reaccionar cuando el servicio de Meteorología anuncia temporal, hay millones de coches circulando por España y la caída de la noche atrapa a varios miles ante un camión que se cruza en la calzada. Esa capacidad de reacción es la que marca la sensibilidad y los reflejos de un equipo de gobierno y la que decide si un país está preparado para las emergencias o sigue siendo el reino de la chapuza. En esta ocasión, el Gobierno reaccionó mejor que otros en nevadas anteriores, pero con el mismo resultado: el cabreo de los afectados. Como indicio más positivo, tenemos que la vicepresidenta Fernández de la Vega se puso al frente del operativo. Ha sido ella quien coordinó servicios y ordenó que saliera el Ejército a socorrer a los atrapados de la Nacional I. Lo que no pudo hacer, a pesar de su buena voluntad, ha sido arreglar las máquinas quitanieves que, según el laborioso director general de Tráfico, se averiaron en esa fecha. Esas puñeteras máquinas tienen todo el año para estropearse, y se les ocurre hacerlo justo el día de la gran nevada. Fernández de la Vega, que tampoco tuvo tiempo para reforzar el servicio ferroviario, no se merecía eso. Sospecho, de todas formas, que da igual lo que haga un gobierno una noche así. Puede mandar al Ejército, helicópteros de salvamento o poner a trabajar a la ministra de Educación (que también estaba atrapada en el atasco) que, si no logra que los coches circulen y los afectados se sientan efectivamente protegidos, no habrá satisfacción ciudadana. Y eso no se consiguió en la noche del domingo. Mientras el propio Rodríguez Zapatero asegura que se hicieron todos los esfuerzos, los atrapados aseguran que no vieron un guardia ni una máquina. ¿Qué significa esto? Que hay, como siempre, dos verdades y que se hizo algo, pero no todo lo posible. Y no perdamos de vista la actitud de los conductores. Mirad que nos habían avisado del temporal. Mirad que nos habían alertado de la necesidad de adoptar las máximas precauciones. Mirad que nos habían aconsejado, incluso, no coger el coche. Pues, a pesar de todo, y según los cálculos de Protección Civil, el 70 por ciento de los automóviles viajaban sin cadenas. Entre unos y otros se produce el espectáculo. Por una vez no se puede culpar sólo al Gobierno. Creo que, a base de nevadas y atascos, terminaremos todos aprendiendo. Esta vez ya se hizo algo más que otras. Del caos siempre surge alguna lección.