El balance real

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

EL BALANCE con el que se ha quedado gran parte de los españoles es el que ha ofrecido una madre destrozada. Las lágrimas y el dolor de Pilar Manjón causaron más impacto que todos los meses anteriores de debates, broncas, insultos, risas y braceos, de sus señorías . El retrato con el que España se va a quedar para el resto de sus días es el de una madre de familia, desolada, ante la comisión del 11-M, exigiendo algo tan elemental como es respeto. Es cierto, como dijo Pilar Manjón, que la clase política jugó con el dolor de las víctimas. También lo es que no se dudó en manipular y mentir para defender cada una de sus posiciones. Como cierto es que hubo momentos en que la comisión más parecía el palco de un cabaret por los aplausos, vítores, jolgorio y ambiente festivo. Es cierto que algunos medios informativos concibieron teorías descabelladas para alimentar a sus lectores. Y también es cierto que otros se autopromocionaron con los sonidos de la muerte. Es verdad que aquí nadie supo estar en el lugar que le correspondía. Hasta que llegó Pilar Manjón. Y entonces todos nos dimos de bruces con la realidad. Nos emocionamos, lloriqueamos y la apoyamos. Sólo así este país se enteró de que lo que había ocurrido hasta entonces en el Parlamento era puro cinismo. Una hipocresía propia de quienes necesitan sobrevivir a cualquier precio. Y España comprendió que todo cuanto allí se había podido escuchar no tenía utilidad alguna. Pero la impresión nos duró poco. Discutimos ahora si continuar o no con la comisión. Valoramos si hay que seguir revolviendo documentos, si hay que marear a otros comparecientes y protagonizar más refriegas. Estamos ahora en la disyuntiva de decidir si optamos por mantener el espectáculo de carcajadas, abucheos y vítores. O si nos decidimos, aunque sea sólo por esta vez, a ser decentes.