SEGÚN el barómetro de invierno realizado por Sondaxe para este diario, de celebrarse hoy las elecciones autonómicas, la oposición --PSdeG, BNG- obtendría una notable ventaja sobre el PP -casi 12 puntos- y ganaría con claridad los comicios. En esta cuestión crucial, los datos ofrecido por Sondaxe no hacen más que confirmar tanto la tendencia expresada en anteriores encuestas como los resultados registrados en las últimas consultas electorales, en las cuales el PP se ha visto sistemáticamente superado por la suma de los votos de la izquierda socialista y nacionalista. Sin embargo, en otros aspectos el estudio demoscópico publicado por La Voz el pasado domingo introduce algunas novedades que, por su gran relevancia, no dejarán de ejercer una enorme influencia en el inmediato futuro. La más destacada de todas es, sin duda, que la marea socialista tras alcanzar la pleamar parece remitir en beneficio del BNG que, pese a encontrarse en plena transición interna, recupera apoyos y reequilibra la correlación de fuerzas en el campo de la oposición, situándose a tan sólo dos puntos del Partido Socialista. Así las cosas, de la encuesta de Sondaxe se pueden extraer, con escaso margen para el error, varias conclusiones políticas. La primera, que el PP continua empantanado y es incapaz de remontar el vuelo. Nada extraño si se considera que el liderazgo de Fraga y la garantía de estabilidad -sus ventajas comparativas con la oposición- se han volatilizado como consecuencia de la grave crisis interna que atraviesa el partido conservador. Hoy por hoy, cualquier parecido entre la imagen que proyecta el PP y un partido político serio es pura coincidencia. En segundo lugar, y esto es especialmente relevante, el PSOE ha dilapidado su enorme ventaja sobre el BNG y está a punto de perder la nítida hegemonía que parecía haber consolidado en el campo de la izquierda. Si el Partido Socialista quiere recuperar un grado de confianza y entusiasmo similares a los que suscitó el 14-M, que lo afirmen como la única fuerza política capaz de nuclear una alternativa al PP, debe desplegar la iniciativa y personalidad que le permitan formular con credibilidad un proyecto político y programático capaz de transformar los innegables deseos sociales de cambio en una alternativa de gobierno. Y si Emilio Pérez Touriño aspira realmente a presidir la Xunta, ha de demostrar también disposición para defender los intereses generales del país, y debe acreditar que tiene peso político en el PSOE y capacidad de interlocución efectiva con el Gobierno. Finalmente, del barómetro de invierno se deduce con bastante claridad que la alternativa al Gobierno conservador sólo puede articularse a través de la colaboración de dos fuerzas políticas (PSdeG y BNG) de similares dimensiones sociales y electorales, pero con perfiles políticos y culturales muy diferenciados. En estas circunstancias, socialistas y nacionalistas están obligados a elegir entre dos opciones. Una, centrar de nuevo todas sus energías en la disputa por el liderazgo de la oposición, contribuyendo de ese modo a difuminar la necesaria alternativa de gobierno; otra, demostrar que, con independencia de sus legítimas diferencias, existe el grado de compromiso y compatibilidad suficientes entre ellos para garantizar un gobierno alternativo estable, coherente y eficaz. Pronto conoceremos su decisión.