El mérito de Pujol

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

JORDI Pujol ha dictado ayer en Vigo una lección sobre el pasado, el presente y el mañana. Ante un centenar de empresarios habló de lo que ya nos preocupa y de los que nos va a preocupar en el futuro inmediato. Y hasta se permitió ofrecer una visión demasiado idílica de la Galicia actual. En definitiva, concurrió un Pujol moderado, ocurrente, sensato y hasta divertido por momentos. Desde que se decidió a abandonar la política activa, tras 23 años como president , Pujol ejerce ahora de «catalán preocupado por mi país», según se definió él mismo. Ejerce de ciudadano al que su trayectoria y experiencia le permiten analizar con libertad la realidad. Y expresarse con toda franqueza, e incluso con atrevimiento. Es desde esa posición privilegiada de ciudadano desde la que se hace escuchar como el intelectual que es, lúcido y dialogante. Como el intelectual que se ha reencontrado con el placer de la lectura, del diálogo y de la reflexión. Porque el gran mérito de Pujol ha sido, precisamente, el de saber estar hasta el momento en que tenía que estar, y saber dejarlo en el momento en que debía de hacerlo. Decisión harto difícil, por lo visto. Porque, como él mismo reconoció en privado, «una cosa es que quieras seguir y otra, que sepas que no puedes seguir». Si el president se hubiese empecinado en mantenerse como candidato, puede que CiU siguiera hoy gobernando. Pero no habría sido más que una huída hacia delante, porque el ciclo tocaba a su fin. Pero Pujol supo renunciar. Consciente de que no es inmortal. Y de que todo en esta vida tiene un límite. Por eso, antes de lastimar a su país y a su partido, optó por una retirada decorosa que le otorga hoy respeto y admiración. Por eso y porque sabe también que, como ya escribiera Cervantes, una retirada jamás es una derrota.