Vayan cerrando

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

EL PRESIDENTE Fraga vino a Madrid, y puedo dar testimonio de que conserva intactas dos características de su persona: la vitalidad y su arriesgada sinceridad. La vitalidad la demuestra su agenda: se levantó a las cinco de la madrugada, cogió el primer avión, estuvo en La mirada crítica , recibió a varias personas, almorzó con periodistas, estuvo en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y regresó a Santiago en el último avión, sin tiempo siquiera para quitarse el chaqué. Y todo ello, sin quebrantar su principio de puntualidad, en medio del tráfico infernal de Madrid en Navidad. Lo que llamo «su arriesgada sinceridad» se demostró en dos opiniones. Una, la expresada sobre los homosexuales. No es nueva en su persona. No es, por tanto, sorprendente. Pero confirma que, si su mayoría absoluta dependiera del voto gay, la tendría perdida. La segunda, la vertida sobre la comisión de investigación del 11-M, que muestra su independencia de criterio y la lejanía de la línea oficial de su partido. Ni Acebes ni Rajoy condicionan su pensamiento sobre política general. Y, si Fraga considera que esa comisión debe ser cerrada, lo dice. Y lo dijo. Y yo creo que su postura está llena de sentido común. Esa asamblea de políticos ha dado de sí todo lo que podía dar. Tomó declaración a más de medio centenar de personas, incluidas las máximas autoridades políticas de éste y del anterior Gobierno. No consiguió aportar al conocimiento del atentado nada comparable a lo descubierto por los medios informativos. La mayoría de los comparecientes no han dicho nada que no hubieran dicho en artículos, declaraciones periodísticas, e incluso en tertulias radiofónicas. Y los grandes dirigentes políticos no acudieron allí a aportar información fiable, sino a defender su actuación en aquellos terribles días de marzo. Que la comparecencia de Zapatero haya terminado en un cruce de acusaciones de mentiras mutuas con Zaplana es un saldo penoso de quienes aseguraban que acudían a descubrir y proclamar la verdad. Hemos visto, por tanto, todo lo que había que ver. Los diputados no saben ni pueden investigar. Están en otras cosas, en otros intereses, en otras estrategias. Nobles, sin duda, pero impropias de esta comisión. Se me dirá: oiga, es que quedan decenas de puntos oscuros. Es cierto; pero no los va a aclarar una comisión de vocación y factura política y partidista, y que sólo ha demostrado empeño en achacar culpas y exigir responsabilidades al adversario. Doblen, pues, los comisionados sus folios, enciérrense a elaborar las conclusiones posibles, y dejen que actúe la Justicia. Podrá ser lenta, pero no se dedica a decir sólo lo que interesa a un partido. Gracias a Dios.