Triste demanda

| CARLOS AGULLÓ |

OPINIÓN

GALICIA fue varios pasos por detrás de los grandes centros fabriles españoles en el proceso de industrialización. Y cuando nos tocó, acogimos como agua de mayo instalaciones altamente depredadoras de los recursos, muy contaminantes y hasta alguna que ha exhibido durante décadas el récord de ser la más sucia de Europa en su especialidad. Llega la hora de sanear los procesos industriales y volvemos a caminar con el pie cambiado: nos vemos abocados a pedir más derechos para ensuciar la atmósfera. Triste demanda, pero es el precio de la discriminación.