EL SECTOR NAVAL gallego ha salido vivo del primer asalto, pero el combate no ha terminado. El astillero Izar Fene (1.035 trabajadores) no cerrará ni se venderá, sino que seguirá bajo la esfera pública. Eso sí, pasará a dedicarse al sector militar, recibiendo parte del abundante trabajo de su vecino de Ferrol (2.700 empleados). Sobrevive gracias a que tiene al lado uno de los mejores astilleros del mundo. Pero la SEPI renuncia a la construcción civil que hizo famoso a la antigua Astano. Por eso España no exige a Bruselas que levante los vetos a la factoría gallega: ya no hace falta, porque no piensan traer aquí gaseros como han hecho con Sestao. Ni, de momento, grandes buques de guerra, como ha recibido Puerto Real (Cádiz). El Gobierno nada ha dado a Fene. Para que Zapatero cumpla su promesa de «salvar los astilleros» hace falta, en Galicia, que no se nos vuelva a discriminar con prejubilaciones masivas y, sobre todo, que Fene también reciba encargos de barcos militares. Una decisión política.