Plan Galicia II: el regreso

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

08 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

AUNQUE algunos resentidos nunca acabamos de aceptarlo, lo cierto es que Galicia es uno de los países más felices del mundo, ya que en ningún otro rincón del planeta se da la fecunda coincidencia entre dos Planes -uno para el cuerpo y otro para el alma- que van a convertirnos en la envidia de tirios y troyanos. Gracias al Plan Galicia I, que nos trajeron Aznar y el Prestige , vamos a tener docenas de trenes de alta velocidad que, además de llegar a Madrid en un santiamén, o de permitirnos ir a Bilbao a almorzar y regresar a Santiago para la clase de las cinco, también nos llevarán de Lugo a Monforte en siete minutos, convirtiendo a los gallegos en la única raza del globo que puede viajar en AVE a sus fiestas gastronómicas: da tortilla, do pemento, da cebola, da pataca ¿ Pero, dado que no sólo de pan vive el hombre, y que Zapatero no quiere ser menos que su antecesor, disponemos de un Plan Galicia II, para el espíritu, que tampoco habíamos solicitado, y que puede traernos la inmensa felicidad de dejar de ser una nacionalidad histórica, título nobiliario que habíamos ganado en la Transición, para pasar a ser comunidad nacional, que debe ser algo así como la repanocha identitaria. Ahora ya sé, por fin, para qué sirve la reforma de la Constitución, y cuáles son las ventajas que vamos a sacar de esta nueva excursión que hacemos por la historia, decía Castelao, arrastrados por la locomotora catalana. Si el AVE del Plan Galicia I iba a atravesar el subsuelo de Lubián por un doble túnel electrificado y a 350 km/h, ¿a qué velocidad tendrá que ir un tren que ya no viaja hacia una vulgar nacionalidad histórica, sino hacia una comunidad nacional ? Mi opinión es que, si el tren de Tokio a Osaka va a 400 km/h, y Osaka sólo es una ciudad, un tren que viaje entre Madrid DF y la comunidad nacional gallega, atravesando una región mesetaria -¿en esto quedó tu gloria, Isabel de Castilla?- tendrá que viajar, por lo menos, a 450 km/h. Pero estoy seguro de que nuestro nuevo pedigrí no se agotará en los trenes. Cuando seamos una comunidad nacional -¡qué ilu , meu Deus !- tendremos universidades como la de Stanford, televisiones como la BBC, ópera como Milán, pensiones como Euskadi, enseñanza primaria como la de Castilla y León, salarios como Navarra, hospitales como Barcelona y huertas como Murcia. Y es que tuvo que llegar Zapatero para descubrirnos -con la ayuda de Maragall y el consenso de los nacionalistas- que la clave del progreso está en la semántica, y que detrás de las palabras pueden llegar los hechos. Galicia calidade, Galicia ceibe, «¡Galicia! Nai e Señora, sempre garimosa e forte», Galicia Comunidad Nacional. La magia de las palabras.