Gracias a los niños

OPINIÓN

SE DEDUCE que, de no haber niños, el Gobierno, TVE, Canal+, Antena 3 y Tele 5 no habrían llegado a un acuerdo para suscribir un código que proteja a los menores de la telebasura. Porque lo conseguido ahora, según se ha publicado, es un pacto voluntario de autorregulación que fija unos criterios generales y unos horarios de precaución, en los cuales no pueden emitirse determinados espacios. De modo que, gracias a los niños, o con la excusa de los niños, todos vamos a quedar a salvo durante algunas horas de las procacidades, insultos y asaltos a la intimidad que ahora se perpetran y escenifican, para entretenimiento del público en general. Algo es algo. Pero no puedo estar de acuerdo en considerar al menor como el único espectador indefenso y el que justifica que se tomen precauciones. Si fuésemos capaces de elevar una mirada crítica sobre las parrillas de programación, nos daríamos cuenta de que el efecto perverso está socializado y afecta a toda una ciudadanía que cada vez se está volviendo más pasiva y conformista, más superficial y ramplona, más de puro pan y circo . Y esto nos empobrece intelectualmente y empeora la calidad de la democracia en que vivimos. Así de seria es la cosa aunque sean tan pocos los que se la toman en serio. ¿Poner a salvo a los niños? Es una magnífica idea, aunque a mí se me figure, a la vez, irrisoria y demagógica. Porque para favorecer de verdad a los niños se debe contribuir, también desde las televisiones, a mejorar los modelos de conducta familiar y los de formación en general. La TV debe ser repensada y, en ese proceso, será legítimo defender espacios para la telebasura. Porque no se trata de desinventar nada. La televisión es una de las grandes maravillas del genio humano, y como tal debe ser tratada. No es sólo un electrodoméstico. Hay una diferencia esencial entre una lavadora y un televisor, y muchos aún no se han enterado. Sin una conciencia clara de la relación televisión-sociedad no es posible avanzar. En nombre de la libertad de expresión se puede defender la telebasura, pero en nombre de una correcta formación de esa misma libertad se puede estar en contra y no ser retrógrado. Cualquier niño lo entendería.