Rehenes

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA | O |

03 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

EL RÉGIMEN castrista ha puesto en libertad (con «licencia extrapenal») a trece opositores del Grupo de los 75 encarcelados en abril de 2003 y condenados a penas de hasta 28 años, acusados de conspirar con EE.UU. y atentar contra la independencia del Estado cubano. Es la enésima escenificación del juego predilecto de Fidel: atiborrar las cárceles de disidentes y luego ser magnánimo con quienes lo apoyan regalándoles caprichosamente la excarcelación de unos seres cuya libertad debería ser sagrada. Las trece «licencias extrapenales» de ahora no son ajenas al debate abierto en la Unión Europea, a iniciativa de España, sobre la conveniencia de cambiar la política de sanciones a Cuba, impuesta a raíz de las condenas. Por el contrario, son un gesto de buena voluntad hacia esta iniciativa, aunque no puedan dejar de ser también un chantaje. Porque, en el fondo, se trata de un intolerable tráfico de rehenes. Cuando le pregunté al escritor Gabriel García Márquez si estaba satisfecho de los muchos presos cuya libertad consiguió por mantener su amistad sin fisuras con Castro, se limitó a responderme: «He hecho lo que estaba en mi mano, y esas personas se han beneficiado». Cierto, pero también ha reforzado al dictador con su apoyo. Ésta es la cuestión.