DE CUANDO en vez, Fidel Castro excarcela a algunos disidentes. Con la edad se va haciendo más condescendiente con la libertad. Solía hacerlo a petición de algún líder que por cualquier razón le cayese, lógica o sorprendentemente, bien. Con Eloy Gutiérrez Menoyo se vivió una larga crueldad. Ahora parece más sensible con los temas de salud. Y sus juristas se han puesto a trabajar, inventando esa curiosa «licencia extrapenal», que te permite cumplir la pena en el propio domicilio, que ojalá -quién sabe- esté mejor acondicionado que el presidio. Raúl Rivero es una de esas personas convertidas en símbolo, porque -dicen- «es de los que llevan la luz y la reparten». Luchador infatigable, siempre clamando por la libertad. Castro le hace un postrero homenaje y acrecienta su leyenda, pues le otorga libertad ahora que está ya enfermo, de tanto fumar y rumiar «los riesgos del coraje», verso suyo que le robo también en homenaje.