El talante de Sarkozy

OPINIÓN

30 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

DISTRAÍDOS en el ámbito nacional con la comparecencia de José María Aznar ante la comisión que investiga el 11-M (y que fue fiel al guión previsto) e interesados en lo internacional por la profunda crisis producida en Ucrania tras las últimas elecciones, hemos dedicado poca atención a la llegada de Nicolás Sarkozy al frente de la derecha francesa, con la ambición clara de tomar posiciones para alcanzar la presidencia. Un hecho relevante éste porque Sarkozy, como ya hemos escrito en estas páginas, no es un continuador de Jacques Chirac al frente de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) sino una clara alternativa, con una visión política notablemente distinta. Sarkozy, hasta ahora ministro de Economía y Finanzas (cargo que ha tenido que abandonar por imposición de Chirac), representa una posición liberal y a la vez nacionalista (en la medida en que esto es posible) que se manifiesta muy crítica con la izquierda francesa, a la que culpa de la parálisis del país. La alternativa, según él, es rehabilitar el trabajo, reducir el Estado asistencial y potenciar a las clases medias, asustadas por los efectos de la globalización y por una sensación de decadencia que se ha extendido por todo el país, sobre todo en medios intelectuales. ¿Cuáles son sus modelos? No está muy claro. Mira a la vez a Margaret Thatcher y a Tony Blair con claras simpatías, sin perderse en sutiles diferenciaciones políticas. Cita a Václav Havel, a Lech Walesa y a Juan Pablo II como paladines de la libertad. Concibe a Francia como un actor de primer orden en el mundo, pero también se proclama europeísta, aunque lo haga con mucho menos énfasis que Chirac. No cree en la primacía del eje franco-alemán y, desde luego, no admira al canciller Schroeder. No le gusta la situación actual de Francia, a la que considera «una familia endeudada hasta las cejas», pero, frente a los intelectuales del declive, sostiene que es un país con un gran futuro que necesita un «modelo exitoso» en el que gane más el que más trabaje y en el que la equidad esté por encima del igualitarismo. Éste es el talante del novedoso y enérgico líder de la derecha francesa, que va a dar mucho que hablar.