UNO DE los grandes actos de valentía de un hombre es cuando se enfrenta a su mote. Enfrentarse al propio mote es como enfrentarse un poco con uno mismo, es un duelo con resonancias existenciales. Están los que no quieren vérselas con esa imagen distorsionada que los demás tienen de ellos y hacen como que no saben cómo les llaman, y están los que prefieren ponerse frente a ese monstruo de uno mismo que crean los demás con despojos del comportamiento, con tópicos y despistes, y le plantan cara. Me gustó que Zapatero se enfrentase a su mote el viernes, cuando los periodistas le preguntaron sin ambages por los que le llaman Bambi . Ese el remoquete que le inventaron quizás su rivales dentro de su propio partido, cuando no creían que fuese a ganar las primarias (las ganó) y el que luego retomaron sus rivales fuera, cuando no creyeron que fuese a ganar las generales (las ganó también). Los motes, como las mentiras, tienen siempre algo de verdad dentro (igual que las verdades tienen alguna dosis de mentira siempre) y es cierto que Zapatero, sin llegar a la ebúrnea ingenuidad del famoso venado de Disney, despide un cierto aura de inocencia que no se sabe si es buena o si es mala, pero que al menos es inocencia. Zapatero, sin embargo, le ha querido dar la vuelta al mito del cervatillo y lo que les dijo a los periodistas que le preguntaron fue que había visto Bambi quinientas veces con sus hijas pequeñas y que él propone una relectura del, vamos a llamarle, mito. «Todos se quedan con la parte sentimental, cuando pierde a su madre y se queda solo. Pero luego él se rehace y se convierte en el rey de la selva», dijo el presidente. Muy bien. Sólo hay algo que me nos desconcierta un poco. ¿El rey de la selva? ¿Cómo que de la selva? Será del bosque, porque la historia de Bambi se desarrollaba supuestamente en Francia (al menos en el libro, que poca gente ha leído). Concretamente, supongo que sucedía todo en un coto de caza reservado, porque no de otra manera se explicaría la variedad cinegética que se contempla en la película (un amigo de mi padre decía que le daba hambre). Así que, una de dos: o Zapatero no se fija mucho en los detalles o lo que ha visto quinientas veces es El rey león . Y entonces no me extraña que quiera sentirse identificado. Porque al rey león, que empezaba con una gestión algo confusa, acababa repitiendo legislatura.