Touriño en su cacería

OPINIÓN

ES MÁS FÁCIL criticar a Touriño que ponerse en su delicadísimo lugar. Pues su lugar es hoy, mutatis mutandis, como el que les toca a las aves en el tiro de pichón. El tirador pide pieza y la pieza sale escopeteada, a ver qué le tiene el destino preparado. El que los que tiran contra ella acierten o yerren sus disparos sólo depende, en consecuencia, de su respectiva puntería. Así debe salir el dirigente socialista desde hace semanas a la calle: confiando en que nadie pida pieza y, en caso contrario, en que los tiradores nacionalistas y populares no le acierten. Por eso, si Touriño, que no es desde luego el responsable de haberse convertido en el chivo expiatorio del oportunismo con Galicia de los ministros económicos del Gobierno de Rodríguez Zapatero, quiere mejorar su inconfortable posición debería intentar que la persecución que el PP y el BNG han decretado contra él se parezca más a la caza del zorro que al tiro de pichón. Y es que mientras que el pichón no puede defenderse, el zorro, aun estando en inferioridad de condiciones respecto al cazador, puede sorprender a su adversario, aprovechándose de su impericia o su torpeza. Las declaraciones de Touriño hace dos días, instando a Solbes a frenar de forma urgente la creciente incertidumbre sobre las futuras inversiones en Galicia relacionadas con la alta velocidad y el puerto exterior de A Coruña parecen indicar que el tránsito de pichón a zorro ha comenzado. Sería lo más lógico. De hecho Touriño ha venido demostrando una lealtad con el PSOE y su Gobierno que incluso, según algunos socialistas gallegos, ha superado ya lo exigible a un compañero leal y cumplidor. Pérez Touriño no es, desde luego, el responsable de la elección de aliados que ha realizado el Gobierno para intentar sacar adelante su programa. Sólo debiera, por tanto, considerarse corresponsable al cien por ciento con la gestión de ese Gobierno hasta allí donde su lealtad no empiece a traducirse en una merma sustancial de las posibilidades electorales de su propio proyecto, que no es otro que el de desplazar al PP del gobierno de la Xunta. Soportar por más tiempo una situación en la que, con todo su derecho, unos tiran a matar sin que el destinatario de sus críticas pueda apenas defenderse resulta mucho más de lo que cualquier partido puede pedirle a uno de sus principales dirigentes. Es cierto que en ningún sitio está escrito que los equilibrios que le tocan a Touriño sean sencillos. Pero quien ha sido capaz de convertir a un partido que estaba al borde de la desaparición en una alternativa de gobierno debería ser capaz de afrontar con éxito tan complicadísima tarea. De eso depende el futuro del PSdeG. Y el de Touriño.