Salarios en su justa medida

| MANUEL LAGO PEÑAS |

OPINIÓN

22 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LA FIJACIÓN de los salarios es una de las responsabilidades básicas de los empresarios y de los sindicatos, que la realizan a través de la negociación colectiva. En mi opinión, la negociación colectiva en Galicia, igual que en España, acomete la negociación salarial desde criterios muy responsables e incluso de moderación, convirtiéndose de hecho en uno de los instrumentos centrales en la lucha contra la inflación. A pesar de esta evidencia, desde las posiciones neoliberales se ataca una y otra vez a los acuerdos salariales, y más aún a la propia libertad de negociación colectiva. Estas son posiciones muchas veces fundamentalistas, intervencionistas en el peor sentido de la palabra, que quieren responsabilizar a los salarios de todos los males de la economía y que siempre intentan ajustar los desequilibrios macroeconómicos, cargándolos sobre los trabajadores asalariados. Son posiciones que, además de miopes y parciales, no tienen en cuenta el papel de los salarios en la economía de mercado. Y es en esta corriente de opinión donde hay que situar las afirmaciones del conselleiro de Economía en el Parlamento. En primer lugar, porque los salarios son la fuente de ingresos de la mayoría de la población, ya que en el conjunto de España de cada 100 personas ocupadas 82 son trabajadores por cuenta ajena, y en Galicia, aún teniendo una tasa de asalarización más baja, 75 de cada 100 personas ocupadas son trabajadores asalariados. Como consecuencia lógica, incrementar los salarios en términos reales supone mejorar el nivel adquisitivo, el nivel de vida en términos económicos de la mayoría de la población. Esto es, mayores retribuciones salariales suponen un mayor bienestar social. En segundo lugar porque los salarios son un componente fundamental de la demanda interna. Dado el fuerte peso del empleo asalariado, el consumo depende de forma directa de los niveles salariales. En concreto, los incrementos de los salarios son determinantes en la variación del consumo y, por lo tanto, en las oscilaciones de la demanda interna. Y al mismo tiempo, la demanda interna es determinante en la evolución del crecimiento económico, es decir, en el comportamiento del PIB. Por eso, cualquier política que pretenda un crecimiento de la actividad económica tiene que utilizar los incrementos salariales como un instrumento expansivo por su evidente efecto multiplicador sobre la actividad. En el sentido contrario, una política restrictiva sobre los salarios, por ejemplo, que crezcan por debajo de la inflación, provocará una contracción de la actividad y por lo tanto una reducción en los niveles de producción y de empleo. Por último, los salarios son también uno de los componentes más relevantes en la estructura de costes en las empresas. En la cuenta de explotación agregada de las empresas gallegas los costes de personal representan un 13%, lo que lo sitúa en su justa dimensión: son uno de los costes básicos pero no son en absoluto la variable básica en la estructura de costes. De hecho, las empresas y la economía gallega tienen una de sus ventajas competitivas en un nivel salarial que es más bajo que su entorno, ya que el salario medio en Galicia tan sólo equivale al 75% del salario medio de Cataluña, al 70% del de Madrid y al 60% de la media europea. En conclusión, lo deseable es que los salarios en Galicia tengan un crecimiento real, esto es, por encima de la inflación pero sin llegar a consumir los incrementos de productividad, porque éstos deben dedicarse no sólo a permitir un crecimiento real de los salarios, sino que en parte debe destinarse a la creación de empleo y a la mejora de la estructura económica financiera e industrial.