19 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.
GALICIA y Greenpeace mantienen una relación difícil. A veces parece que se quieren, otras se diría que se necesitan, pero con frecuencia acaban zurrándose la badana. No es raro: Galicia vive de la riqueza de los mares, y Greenpeace, de preservarla. Hay intereses comunes, pero los delimita una muy delgada línea. El caso es que ya es la segunda vez que los barcos del arco iris sueltan amarras sin avisar. Hace 25 años lo hicieron de forma casi épica burlando la vigilancia de la Armada en Ferrol, que había apresado al Rainbow Warrior. Lo de ayer en Vigo, menos glorioso, fue to un golpe a los magos del ecomárketing.