CARLOS G. REIGOSA
15 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.SE PREGUNTAN algunos líderes populares por qué los políticos e intelectuales que protestaron en las calles por la gestión de la catástrofe del Prestige no protestan ahora por el «incumplimiento» de los compromisos del Plan Galicia por parte del Gobierno socialista. Es un planteamiento lógico teniendo en cuenta que el Gobierno central contra el que se protestó en su día fue el de José María Aznar, y al que le corresponde ahora afrontar el llamado Plan Galicia es el que encabeza Zapatero. Sin embargo, hay algo en la lógica de los políticos que casi nunca cuadra, quizá porque, sin querer, muchas veces se deslizan por el tobogán de la demagogia. Exigir que el Gobierno de Zapatero cumpla ahora con Galicia no mejora la gestión hecha en su día por el PP, como ellos pueden creer. Y viceversa: la denuncia de mala gestión que hicieron entonces socialistas y nacionalistas no los exime de responder al compromiso con esta tierra, concretado (o no concretado) en el dichoso Plan Galicia. El Prestige es el nombre de un desastre, no el de una bola de pimpón dialéctico. Antes o después, las filigranas verbales y los sutiles equívocos que algunos manejan con gran soltura quedarán al desnudo. Entonces, todos y cada uno se habrán retratado.