AL DÍA
12 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.LA REAL ACADEMIA de la Lengua define la frase coloquial «marear alguien la perdiz» como «hacer perder intencionadamente el tiempo en rodeos o dilaciones que retrasen u obstaculicen la resolución de un problema». Y acreditados cazadores de escopeta al hombro y perro denominan así a la técnica que aplican para acorralar a la gallinácea hasta conseguir su captura en la linde del rastrojo. En estos siete meses de Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, cada vez hay más partidarios de definir la política económica y de modelo de Estado del líder socialista como de marear la perdiz . Da la sensación de que el 14 de marzo Zapatero se llevó la misma sorpresa con su victoria que Rajoy con su derrota, y que sabedor de que su programa electoral es de oposición y no de gobierno, únicamente le queda una manera de fortalecer su mandato: hacer creer a sus votantes que cumple la palabra dada y convocar elecciones generales cuando los vientos le sean propicios para lograr una mayoría absoluta o, cuanto menos, desprenderse de ERC en Barcelona y en Madrid para gobernar en Cataluña y en España sin las imposiciones independentistas de los seguidores de Carod Rovira. Eso sí, manteniendo el talante, que en Zapatero se traduce en tres pilares: protagonismo del ciudadano, transparencia y diálogo, oponiendo a las formas del último Aznar mesura y buen rollito , y dilatando las reformas estatutarias y constitucional hasta que, ganada la ciudadanía, se encuentre con fuerzas y garantías suficientes para que Maragall convoque elecciones anticipadas en Cataluña y él pueda hacer lo propio con las generales para obtener en las urnas la mayoría suficiente que necesitan ambos para romper su debilidad parlamentaria. Esta misma táctica sería la que explicase la decisión de paralizar el trasvase del Ebro y sustituirlo por un teórico plan de desaladoras, o el ministerio virtual de la Vivienda, cuya titular se limita a declarar una cosa y la contraria sin poner un solo ladrillo para abaratar las casas porque carece de competencias y la legislación sobre el suelo está transferida a los ámbitos autonómicos y locales. Si esta es la estrategia de Zapatero habrá que colegir que estamos frente a un tipo de político poco común, optimista por naturaleza, como afirma Guerra, y que entiende que todo tiene solución para bien. Lo que falta por saber es qué significa para él el para bien porque de las descortesías con Bush no sale nada bueno para los españoles y de los enredos con el catalán y el valenciano sólo enfados en las dos comunidades.