LA TOMA del control de Repsol por la Caixa no es baladí. Y se debe contestar. Además se puede. Galicia está en condiciones de hacer valer sus posiciones industriales por la vía de sus cajas, bancos y empresarios. Posiciones industriales importantes en el sector tecnológico, en el alimentario, en el eléctrico, en el gasístico, en el inmobiliario, en el industrial, etcétera. En primer lugar, haciéndolo más conocido, como se dice en el lenguaje coloquial «hacerse valer», pues el esfuerzo que el ahorro gallego ha hecho para poner en valor ciertas empresas estratégicas es poco conocido. La autoestima siempre será un valor. En segundo lugar, animando al consumidor gallego a reforzar su inversión y ahorro en la banca gallega y en las empresas gallegas y determinando, desde éstas, un peso estratégico en las líneas de decisión de la empresa participada o propietaria con respeto a Galicia. En tercer lugar, generando un clima de confianza, apoyo y coordinación política para que las empresas puedan encontrar un clima adecuado, social, laboral y político para generar crecimiento, riqueza y apoyo en sus salidas al mercado exterior a Galicia. Y en cuarto lugar, reorientando la actividad y la presencia industrial, y sus plusvalías, en parte, hacia nuestro territorio. Por un lado, exigiendo compromisos de inversión, actividades y cierres de ciclos productivos en Galicia y, por otro, añadiendo I+D+C a una sociedad, la gallega, capaz de destacar en capacidad de ahorro y de capitalización de múltiples empresas y negocios hoy punteros y básicos en el desarrollo de un país y con capacidad y conocimiento tecnológico para hacerlo. La toma de posición de territorios y sus ahorros en los núcleos de decisiones básicas para todo el territorio del Estado necesita de una reflexión aquí, en Galicia, porque estamos en condiciones, también, de exigir y plantear nuestras posiciones. Y si no se atiende hay capacidad financiera para poder demostrarlo. Existen participaciones suficientes para exigirlas y existen profesionales que han tenido esa visión hace tiempo, permitiendo hoy que Galicia tenga la presencia necesaria en múltiples sectores empresariales y estratégicos para que se pueda reorientar y se pueda visualizar el peso de Galicia en la generación del PIB de España. Se puede y se debe. Para ello se necesita tener una sintonía como comunidad y no dejar en solitario a los magníficos empresarios e inversores gallegos que han logrado esa presencia; debemos desde el poder social y político acompañarlos y animarlos a seguir por esa ruta. A seguir haciendo Galicia. De esta forma, estaremos preparando un futuro mejor para nuevas generaciones. Y de verdad Galicia será una comunidad histórica.