COMO ANALISTAS no tienen precio. El anterior, en la lección inaugural de la Universidad de Georgetown, donde se recrea como profesor asociado, advirtió que el terrorismo intentaría influir en los resultados de las elecciones norteamericanas. Como había hecho en España. Colosal patinazo. Ahora, sus fieles seguidores nos cantan el Apocalipsis con la victoria de Bush, advirtiéndonos de lo mal que nos pueden ir las cosas si no nos plegamos a su política. Incluso el «amigo Blair» se ha permitido decir que «América ha hablado y el resto del mundo debería escuchar». Pues no. Que escuchen ellos. Que entren en razón. Porque son Bush, sus amigos, camaradas, asociados y mutualistas los que han de atender a las voces que les dicen que van por el camino equivocado. Son ellos los que tienen que alinearse con la cordura y el sentido común y no exigirnos a los demás que lo hagamos con el horror y la sinrazón. Quienes estos días sacan pecho por los resultados electorales del pasado martes advirtiéndonos de que hemos de plegarnos, desconocen el significado de las palabras dignidad, respeto y honor. Porque no hay más que echar un vistazo al mapa planetario para darse cuenta de que son cuatro y el del tambor los que se han entregado incondicionalmente a la política dominadora y destructiva del nuevo presidente norteamericano. Lo que nos están pidiendo es que nos dobleguemos a quienes utilizan la guerra como argumento diplomático, a los que mienten, manipulan y torturan, a los que atropellan los derechos humanos, desprecian la legalidad internacional y bombardean poblaciones desarmadas. Lo que hay que decirles a estos rapsodas del Apocalipsis es que somos los demás los que caminamos por la acera del sentido común, de la sensatez y la decencia. Y que se cambien ellos.