Fraga toca a rebato

OPINIÓN

07 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

NUNCA CREÍ en el Plan Galicia. Su factura y presentación sólo pueden engañar a quien carece de experiencia política, a quien no sabe leer entre líneas, o a quien le gusta comulgar con ruedas de molino. Pero nunca podrán convencer a nadie que sea amigo de la verdad, que analice las cosas con lógica, o que sepa sumar y restar las cifras y los plazos que barajamos a diario. Por eso no comparto la angustia que sufren los que todavía creen en los pajaritos de colores, y por eso le temo mucho más a los miles de euros que vamos a despilfarrar en obras inconexas, orientadas a la pura propaganda, que los millones de euros que no se van a invertir porque nunca los hubo, porque no responden a las prioridades del Estado, o porque son necesarios para reforzar los pilares del zapaterismo rampante. Pero, al margen de ese posicionamiento general que siempre mantuve, también quiero decirle a Fraga que no cuente conmigo, que no estoy dispuesto a gastar mis fuerzas en la defensa de políticas deshilvanadas, y que, si quiere pelear con Magdalena Álvarez o con Solbes, que no lo haga en mi nombre. Porque si nadie me explicó cómo se construyeron las prioridades del Plan Galicia, por qué el AVE a Bilbao se adelanta al de Lisboa, o por qué son necesarios dos puertos exteriores en la ensenada ártabra, tampoco necesitan mi concurso para defender los imaginarios que ahora se desvanecen. Sé perfectamente, aunque tampoco me lo explicaron, qué argumentos maneja el alcalde de A Coruña-La Coruña para cambiar su puerto de sitio. Y hasta es posible que, si fuese a vivir junto a la torre de Hércules, también yo saliese al Cantón Grande a manifestarme con Francisco Vázquez. Pero Fraga gobierna en toda Galicia, y tiene que dar explicaciones de ámbito general. Y, al menos en esa perspectiva, las claves del puerto exterior de punta Langosteira siguen inéditas. Lo que yo espero de Fraga no es que toque a rebato, ni que se ponga al frente de la manifestación, ni que convierta en agravios lo que son ineficiencias. Y por eso no quiero que use mi nombre para protestar por un tema del que apenas sé nada y me va a costar tanta pasta. Lo que Galicia necesita es que alguien la gobierne. Que se estudien nuestras necesidades y posibilidades con lealtad. Que no se confunda la gestión del interés público con una agencia de utopías y milagros, y que nadie nos llame a batallar contra los molinos de viento. Y esa es la razón por la que, sin discutirle a Manuel Fraga el derecho de arremeter contra sus propios fantasmas, le pido encarecidamente que no me llame a sus filas, ni me dé por adherido a su causa. Porque vivo de mi trabajo, pago mis impuestos, y no tengo tiempo para monsergas.