SIGUE EL ENREDO sobre el puerto exterior de A Coruña. El ciudadano está perplejo. No se trata ahora de diferentes valoraciones acerca de su viabilidad técnica, rentabilidad social, conveniencia o utilidad pública para evitar otros futuros desastres como el del Prestige . Es bien sabido que desde un enfoque puramente técnico la evaluación de grandes proyectos desde el punto de vista de económico y social presenta importantes cuestiones y dificultades de carácter conceptual y metodológico. Pero no, no estamos en ello. Ni en saber cómo se van a financiar los importantes costes de traslado de instalaciones en los que tendrán que incurrir las empresas afectadas. Ni en qué opinan los perjudicados, que en todos los grandes proyectos los hay de un modo u otro. Se creía que este proyecto por su carácter estratégico y dimensión resultaba tan importante para la ciudad de A Coruña y para Galicia en su conjunto, que se buscaría el modo de compensar estos costes con los beneficios que habría de proporcionar. Pero todas estas cuestiones no tienen importancia en España. La cosa es saber quién se queda ciego mientras yo me quedo tuerto. Estamos en la política entendida como algo ajeno al bien común. Y pido perdón al lector por mi ingenuidad al no desistir de mis esperanzas de que el Gobierno muestre alguna altura de miras y dignidad. El espectáculo que está dando el PSOE, y ZP en particular, es vergonzoso. Nuestro gran timonel promete tantas cosas que no las apunta y luego se le olvidan. Que si los astilleros, que si el AVE, que si el puerto, que si «érase una vez». Claro que cabe pensar, recordando anteriores batallas entre facciones socialistas con el pretexto nuclear, que esta maniobra pretenda desprestigiar a la figura del alcalde de A Coruña, posiblemente el socialista con más sentido del Estado. Menos mal para el PSOE que el PP de Fraga también parece a la deriva y sin puerto de abrigo. ¿Qué dice Nunca Máis?