CUÁN CIERTA ES, incluso aplicada al lenguaje, la máxima ramplona de Campoamor que versa sobre el color del cristal con que se mira. Recuerdo haber leído en un diario español que Bill Clinton había obtenido una victoria moral tras las elecciones. ¿A qué moral se refería? Si hemos de atenernos a la definición que nos da el diccionario, moral, del latin moralis , está relacionada con la clasificación de los actos en buenos y malos desde el punto de vista del bien en general. Estupendo. Pero resulta que, en el mismo periódico, habíamos leído semanas antes que el presidente norteamericano podría ser destituido por su conducta inmoral con una insistente becaria. Este problema de la polisemia de las palabras se ha recrudecido estos últimos tiempos con la partícula ex , que el Moliner define así: «Preposición latina que se antepone a nombres de cargo o situación para designar a los que lo ocuparon. Equivale a antiguo». Y nos da estos ejemplos: ex ministro, ex alumno. Perfecto. Mas el tema se complica ahora con Augusto Pinochet. Unos le llaman dictador , en cuyo caso no están conformes con la definición canónica, puesto que dejó de serlo. Otros dicen ex dictador , lo cual favorece a los que lo acusan de actos imprescriptibles, y si esto así, sería dictador vitalicio, no ex dictador. Siempre me dijeron que se es cura para toda la vida, quítese el hombre las sayas o cásese con una divorciada. El señor Aznar no es ex arrogante, por mucho que haya dejado de ser primer ministro. Tal vez la mejor manera de satisfacer a todos, si fuera posible, sería decir: «El general y dictador jubilado Augusto Pinochet ». Y «el ex-primer ministro y siempre arrogante José María Aznar».