El próximo jueves, con La Voz, una nueva edición de la Guía de Másters de Galicia
IBARRETXE, en la Conferencia de Presidentes. Buena noticia. Camino de la normalidad. Fórmula de respeto para con las gentes de este país que buscan paz. Me temo que algunos descubrirán que los planteamientos vascos son difíciles de asumir por utilizar otras reglas que no son las habituales. Contencioso-conflicto. Mientras el primero significa el legítimo pleito por derechos, lo segundo es la ruptura de las reglas de juego, la salida del espacio de la ley. Así, no se trata de modificar el Estatuto para alcanzar más capacidad, se trata de romper con el Estatuto, con la Constitución y salir fuera del espacio nacional que ampara el Estado, para crear otro Estado que, en todo caso, establezca relaciones de igual a igual. En esto consiste el «acuerdo amable». Voluntad vasca. Es lo que el nacionalismo desea que se reconozca al pueblo vasco. Por lo tanto, nada que ver con una sociedad formada por españoles que residen en el País Vasco, o por vascos que nunca se han planteado dejar de ser españoles. Sólo se están refiriendo a esos vascos que sólo son vascos, es decir, nacionalistas. El lendakari, sin embargo, se permite adjudicarse la representación de todos, cuando pide respeto para la voluntad vasca, que es lo mismo que la voluntad de un colectivo nacionalista que desea una Euskadi nación con Estado diferenciado del español. «No es posible un proyecto de Estado en común si no se acepta la voluntad de las naciones o las partes que la componen». Como en el mus¿ ¡Quiero! ¿Qué respeto tiene el lendakari a la voluntad de la comunidad de ciudadanos alaveses que machaconamente se han manifestado españoles e incómodos con un nacionalismo que les quiere cambiar su nacionalidad? ¿Se atreverá Ibarretxe a ser coherente y darle la palabra a los alaveses para que digan solos, sin intromisiones, si desean formar parte de la nueva nación vasca o de la vieja nación española? No nos olvidemos que los territorios forales son los depositarios de los derechos históricos, y que mantienen sus propias instituciones privativas de autogobierno, es decir, las diputaciones y los parlamentos forales, que es donde reside la soberanía popular. Por cierto, Ibarretxe no se ha atrevido a plantear en las Juntas Generales de Álava (Parlamento Foral) su plan, quizá por miedo a que, igual que sucedió hace años con el proyecto de banco público vasco, se lo tumben en votación democrática.