Como en el XIX

OPINIÓN

SI MANUEL Fraga decide algún día retirarse de la vida política, los enfrentamientos entre los populares gallegos van a ser más espectaculares y sanguinarios que los que nos cuentan que había en el circo romano. Porque si con don Manuel en plenas facultades pasa lo que pasa, el día que decida que ya está cansado de tanto viaje y tanta inauguración, lo que puede pasar no se lo imaginaría ni el mismísimo H. G. Wells, que es el padre de la ciencia ficción. Don Manuel ha reconocido ayer que Palmou puede dejar la secretaría general del partido. Cinco días después de ser reelegido y de recibir todos los parabienes de los paracaidistas de Madrid. El presidente dice que es para dedicarse a la Consellería de Xustiza. Pero en realidad es para dedicarse a no molestar a los de la boina que siempre lo vieron como enemigo irreconciliable. Con todo esto de los que vienen y van, de los que quitan y ponen, el bueno de don Manuel anda atareadísimo esta temporada. No en lo de Galicia, que en realidad marcha sola. En el partido, que sí que es complicado. Porque después de optar a la reelección para que no hubiese división, pues ahora resulta que hay división y que a lo mejor no hay reelección. Que sería una faena, pero sería. Don Manuel todavía no ha calibrado que debajo de las boinas se esconden las claves sobre las que se levantan el bienestar y el futuro de ellos y sus familias. Y eso no es fácil de erradicar. De ahí que el PP sea un mar de problemas. Que es importante. Pero lo grave y preocupante es el problema que tenemos los gallegos con ellos ahí. Sin ir más lejos, hoy deberíamos de estar escribiendo del futuro de Europa y estamos hablando de boinas, virreyes y caciques. Como si estuviéramos en el siglo XIX.