SI NO FUÉRAMOS tan morbosos, los exabruptos y la radicalidad de nuestros políticos dejarían de ocupar tantas primeras páginas, porque las desplazarían las noticias científicas. Ayer fue un día de ciencia: supimos que en Indonesia convivió con nuestros ancestros un homo pequeñito que ya quisiera haber puesto Darwin bajo su lupa para que viéramos que también nosotros podemos cambiar si las condiciones (en este caso, la insularidad y la falta de predadores) nos obligan a ello. Junto a esta joya, que abre nuevos mundos a la gente curiosa, otros grandes titulares: por ejemplo, que los agricultores podrán vigilar sus tierras desde una página web conectada a un satélite y saber cuál es el mejor momento para cosechar, o que todos los olmos de Inglaterra proceden de plantas traídas en su día por el erudito hispano-romano Columella o que el vino tinto podría reducir la incidencia del cáncer de pulmón. Éstas sí que son noticias.