EL USO de este tiempo gramatical es uno de los puntos más delicados del español. Su abuso revela falta de recursos, y su empleo en algunos casos es francamente incorrecto. Valle-Inclán lo detestaba y Azorín reconocía que podían existir algunos gerundios aceptables. El caso es que, además de la pesadez que le da a un texto la abundancia de gerundios como diciendo, tomando, temiendo, yendo, viniendo y callándose, es que a veces se utiliza sin ton ni son. Por ejemplo, el otro día se hablaba de un sobre bomba «conteniendo» no sé cuantos gramos de dinamita. Lo cual es una salvajada. No sólo para el receptor, que recibe la explosión en pleno rostro, sino que el atentado está dirigido contra el idioma. Es lo que se llama el gerundio del boletín oficial, cuando dice: «Decreto regulando la venta de pollos». En ambos casos se debe hablar de un sobre que contenía equis carga de explosivo, o de un decreto que regula la venta de cierta clase de volátiles. Por otra parte, el gerundio tiene que relacionarse con un tiempo anterior o inmediato al de la acción, nunca posterior. No se puede decir: llegó a Montevideo recorriendo miles de kilómetros, sino tras (o después de) haber recorrido . El gerundio de posteridad, sin embargo, está admitido en ciertas circunstancias, cuando el futuro es inmediato y deseable, como lo siguiente: «Después de esta sucinta y presuntuosa lección de gramática, ¿vamos yendo a tomar un café?».