¿ES COMPLICADA la política? Pues sí, muy complicada. Tanto que a muchos ciudadanos les costará trabajo comprender que el Gobierno haya decidido derogar los artículos del Codigo Penal que castigan, entre otras conductas, la convocatoria de referendos ilegales, a los pocos días de que Ibarretxe anunciara en el Parlamento de Vitoria que convocará uno por su cuenta, pese a carecer de competencia para ello, en el supuesto de que las Cortes lleguen a rechazar su plan secesionista de efectos retardados. Y es que la reforma del Código Penal impulsada por el Gobierno de Aznar para incluir unos tipos delictivos hasta la fecha inexistentes tenía una finalidad clara y manifiesta. Por decirlo vulgarmente, la de poner el parche antes que el grano: fue el anuncio desafiante y reiterado de Ibarretxe de que convocaría un referéndum sobre su plan, pese a su ilegalidad indiscutible, el que llevó a la mayoría del PP a tipificar penalmente una conducta de todo punto inconcebible: la de una autoridad que, a sabiendas, se pasa la Constitución por el arco del triunfo. ¿Se equivocó el PP al regular los delitos que ahora piensan suprimirse? De medio a medio. Sí, de medio a medio, porque hay situaciones que están ya irremisiblemente perdidas cuando para controlarlas es necesario echar mano del Código Penal. Sería increible que Ibarretxe llegase un día a convocar el referéndum con el que nos viene amenazando. Y sería catastrófico que, de hacerlo, Ibarretxe no diera marcha atrás cuando ocurriese lo que seguro ocurriría en tal supuesto: que el Tribunal Constitucional declararía al Gobierno vasco incompetente para convocar dicha consulta. Pero si, pese a ello, Ibarrtetxe no cediera, aplicarle el Código Penal y procesarlo sería la señal inequívoca de que -en todos los sentidos- habríamos perdido el norte para siempre. Por eso, la derogación que ahora se anuncia elimina la descabellada deriva final de un problema de imprevisibles consecuencias. Pero, ¡mucho ojo!, lo que no elimina en absoluto es el problema, cuya existencia no depende de lo que establezca el Código Penal, sino de lo que Ibarretxe pueda llegar a decidir en el futuro. Si se empecina con lo suyo, será este Gobierno, y no el de Aznar, el que tendrá que evitar que la crisis vasca se nos estalle entre las manos. Por eso, quizá lo más disctutible de la decisión de Zapatero sea el momento en que el presidente se ha decidido anunciar su decisión: un momento que podría hacer pensar a Ibarretxe que quienes deben pararle los pies están cogidos por el cuello. Pero, claro, es ahora cuando los votos del PNV resultan por completo indispensables. Sí, decididamente, es complicada la política.