Barreiro, el conciliador

GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN

OPINIÓN

21 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

ESTA VEZ SÍ, una imagen vale más que mil palabras. La fotografía de Xosé Manuel Barreiro codeándose con la madrileña Aguirre, el valenciano Camps, el murciano Valcárcel o el líder del PP balear, Matas, para defender la igualdad de los territorios, es todo un síntoma. Representaba a Fraga, que reparte juego entre sus vicepresidentes y demuestra con ello que no hay nada decidido sobre el futuro de éstos. De haber querido hacer otra cosa, el de Vilalba habría nombrado a un solo vicepresidente, a la vez que le señalaría como el depositario de su herencia política. No parece que el congreso del fin de semana marque un camino más despejado para una solución en esta línea. En este contexto, Xosé Manuel Barreiro es, sin duda, uno de los políticos de más fibra del PP. En su propia trayectoria vital sintetiza de algún modo la boina -es hijo de labrador- con la práctica de un cierto populismo, y el birrete adquirido no sin esfuerzo hasta alcanzar la condición de catedrático de Universidad. Es doctor en Económicas, una de las disciplinas más necesarias a un hombre público. Cuenta con experiencia en algunas tareas difíciles y tiene territorio, aunque pueda ser compartido, y una virtud que las más de las veces inclina balanzas, y es que no se le conocen enemigos declarados ni irreconciliables, al menos enemigos fuertes. No le falta una cierta dosis de galleguismo. Incluso cabe que en un momento delicado sus apoyos puedan ser muy firmes en amplios sectores del partido, donde ha hecho una vida intensa. Sin considerar la imprevisible voluntad que un día tenga Manuel Fraga, entre los pocos políticos populares que reúnen condiciones para tener futuro en primera línea en Galicia, está sin duda Xosé Manuel Barreiro. El mañana no está escrito y sería aventurado predecirlo, pero parece probable que en la legítima batalla política, nuestro personaje optaría por evitar que chocaran los trenes y se inclinaría por buscar fórmulas conciliadoras para que todos circularan en la misma dirección.