CON las barbaridades que razonó el ser humano en su historia, es muy dudoso que le añada algún prestigio autotitularse racional. Pero lo hace (lo hacemos) con la convicción de que ello define una superioridad incontestable sobre las demás criaturas del Universo, o al menos sobre las del planeta Tierra. Luego repasamos las noticias que dan cuenta de nuestro quehacer a lo largo de los siglos y empezamos a tener dudas, porque ningún otro animal ha hecho más animaladas que nosotros, de esto no hay duda. Da igual si nos remontamos al mundo antiguo, como si nos recreamos en la Edad Media o nos asombramos en la Contemporánea. En todo este tiempo no hemos dejado de ser letalmente racionales. Es verdad que hemos hecho muchas cosas buenas, y sobre todo ingeniosas, pero hay que reconocer que las malas tienen un halo de brutalidad que acongoja. Echemos un vistazo. ¿Qué sucede en Irak? ¿Qué es lo de Chechenia? ¿Qué pasa en Sudán? ¿Qué desangra a judíos y palestinos? ¿Qué explica que miles de millones de personas estén condenadas al hambre y la miseria, mientras otras nadan en la abundancia? Sólo un loco juzgaría esta irracionalidad como algo propio de seres racionales? Rosal, menos presunción.