¿Lo salvará la lipotimia?

| XOSÉ LUIS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

LA CIENCIA POLÍTICA actual entiende que la confección de la agenda (agenda setting) es una parte esencial de la gestión pública. Porque la agenda no es un libro emborranchado en el que se apuntan los almuerzos con Baltar y las cacerías en Toledo, sino una expresión cronometrada de los valores y prioridades que guían la acción de gobierno, de los que cabe deducir, con mucha exactitud, el proyecto de país que se lleva en la cabeza. Y, aunque es evidente que la distinción entre la agenda personal y la pública sigue existiendo, también es verdad que, a medida que nos acercamos a la cima del poder, ambas agendas coinciden. La agenda de Fraga transmite una visión del país poco dinamizadora. Sus mareos se producen en Fitur, donde sobraba un director general, o en Negreira, donde sería suficiente con el conductor de la excavadora. Los hechos que le obligaron a abandonar su reposo, y llegar exhausto al debate, eran también prescindibles. Y su precipitado regreso a San Caetano, ayer por la mañana, no tuvo más objeto que el tradicional reparto de prensa recortada a sus pacientes conselleiros. Por eso creo que la enfermedad del presidente tiene más que ver con su obsesión por ser imprescindible que por la debilidad de un cuerpo que, bien administrado, podría durar mucho tiempo. La fama del Fraga hiperactivo, que deja su vida viajando, no puede ocultar la irracionalidad de una agenda en la que se mezclan e igualan el acto de aprobación del Presupuesto (media hora), con la inauguración de un bar (30 minutos). Y por eso resulta lógico que, lejos de analizar el discurso que el presidente pronunció el lunes, o de valorar el pacto territorial avanzado por Touriño, o de meditar sobre el brillante diagnóstico realizado por Beiras, o de alucinar en colores oyendo a Pita, muchos gallegos pasasen la tarde de ayer preguntándose si tenemos presidente para cinco años, o si el PP actúa como un trilero, que nos pone a Fraga como señuelo electoral para que acaben gobernando Alberto Núñez o Cuíña. Sin ser grave por sí mismo, el mareo televisado desde el Pazo do Hórreo está sirviendo para catalizar un sentimiento de xa está ben que repite sus ecos desde el Caurel hasta Vigo. Los gallegos quieren rescatar su política de las fauces del tiempo, aunque son muchos los indicios de que una oportuna lipotimia va a ser la disculpa para que Fraga se retire a Perbes sin certificar su derrota. Y es una lástima, porque un reto como el que el PP acaba de plantearnos nunca debería terminar con resultado incierto. Por el bien de Galicia. Para que nadie se convierta, por mirar hacia atrás, en una estatua de sal.