EL DETERIORO, la desidia, encubren muchas veces lo protegido, lo cuidado, lo bello. Por lo general, denunciamos más de lo que aplaudimos, sencillamente porque nos duele como en carne propia, ya que da la sensación de que nuestra generación ha decidido maltratar este hermoso país. Y lo cierto es que no todo está mal, ni mucho menos. Siempre he creído que la política vale para hacer amigos, que a veces incluso surgen desde el enfrentamiento dialéctico. Aunque este no es el caso, un grupo de ex alcaldes, fundadores en su día del club de ciudades patrimonio de la humanidad de España, consolidamos una red de amistad que, por encima de las diferentes adscripciones, sigue vigente. Desde Cáceres, Salamanca, Segovia, Toledo y Santiago nos citamos para reunirnos periódicamente, visitando nuestras respectivas comunidades. El pasado fin de semana, después de ganar el jubileo a nuestra manera y saludar al alcalde Sánchez Bugallo, nos instalamos en la desembocadura del Tambre. Antes tuvimos que atravesar los cuellos de botella de los ayuntamientos limítrofes a Santiago, donde, según informa La Voz , se ubican las rentas más elevadas pero que, al crecer con un urbanismo equivocado, se ven ahora obligados a construir variantes y equipamientos costeados con los impuestos de todos los gallegos. La ría de Noia y Muros es, entre las Baixas, la menos frecuentada por el turismo, y quizá por eso, la que mejor se ha conservado en términos generales. Nuestros visitantes, en pleno entusiasmo, proponían comparaciones que iban de los lagos suizos a los fiordos nórdicos. Partimos desde el náutico de un Portosín castigado por la especulación ligada al mercado de segunda o tercera residencia. Juan López Oviedo, experto conocedor del medio en toda su extensión, nos condujo por el fondo de la ría, con escala en O Freixo, y remontando la corriente del Tambre hasta la central eléctrica que construyó Antonio Palacios hace cien años. Era la búsqueda de la Galicia recóndita, hacia las entrañas del continente, encañonada entre paisajes que transcurren como un travelling hacia el umbráculo de las aguas remansadas. El nuevo puente sobre la ría ha permitido que Pontenafonso se salvase del impacto de una urbanización excesiva. Por cierto, qué diferente la visión superficial de esta zona en La mala educación de Almodóvar de la muy sutil de Amenábar en Mar adentro . Flanqueamos las marismas pobladas de garzas, patos y cormoranes, donde lo único que falla es, una vez más, la forestación con especies inadecuadas, el monte sucio que es fácil pasto del fuego criminal, y la proliferación de aerogeneradores en los lugares menos indicados. Al bajar, dejándonos llevar por la marea, pasamos sobre el banco de moluscos más productivo de las rías. Era la hora del solpor , y para admirarlo plenamente nos fuimos hasta Baroña. Éxtasis total frente al mar abierto, soñando con el límite de América. ¿Quién invertirá en paisaje? Estamos a tiempo para cuidar todo lo que aún tenemos. No sé si habrá finalmente adelanto electoral, pero la candidatura que haga de la preservación del entorno, del equilibrio entre renta y ecología, entre crecimiento y sostenibilidad, un punto fuerte de su programa, no sólo por razones estéticas, sino también por ética y economía, obtendrá el apoyo de los jóvenes, de los inquietos, de los responsables, que también deciden.