VUELVEN a linchar a Aznar, ahora por su lección en Georgetown y su afirmación de que el problema de Al Qaida con España empieza en el siglo VIII. No me toca a mí la defensa del ex presidente, pero ni voy a colaborar en el linchamiento ni voy a negarle su capacidad para en un ámbito universitario permitirse licencias que otros utilizamos a diario sin arriesgarnos a ser ejecutados en la plaza pública. Uno de los libros más exitosos de los últimos meses ( Yihad , de Loretta Napoleoni) relaciona las recientes cruzadas islamistas con las cruzadas cristianas. Y hace referencia a la histórica aparición pública del papa Urbano II en 1095 en la catedral francesa de Clermont-Ferrand ante centenares de fieles: «Los turcos avanzan hacia el corazón de las tierras cristianas, maltratando a sus habitantes y profanando sus lugares sagrados... Que la cristiandad de Occidente emprenda su marcha para rescatar Oriente... Tanto pobres como ricos deberían ir... combatir en una guerra justa que les permitirá que se cumpla la voluntad del Señor; y el Señor los guiará...». Y la Napoleoni explica que el papa Urbano prometió que quienes murieran en la batalla ganarían el perdón de sus pecados. Y añade: «Las masas tenían la sensación de que se les había abierto de golpe las puertas del Paraíso». Casi mil años más tarde -sigue la Napoleoni- Bin Laden lanzó un llamamiento similar al mundo musulmán: «El pueblo del Islam ha sufrido agresiones, iniquidades e injusticias que le han sido infligidas por la alianza entre los cruzados sionistas y sus colaboradores». Y añade que en este llamamiento, hecho en 1996, Bin Laden anunció que «los mártires de la yihad entrarán en el Paraíso y sus pecados serán perdonados, su vida de privaciones y dolor en la tierra será sustituida por la felicidad eterna y por los esponsales con treinta y dos hermosas vírgenes». Loretta, que arremete contra Estados Unidos y sus relaciones de cooperación y financiación con diferentes terrorismos, vende su libro por decenas de miles. Pero a Aznar preferimos lincharlo.