El cálculo secreto de Baltar

OPINIÓN

26 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

CADA VEZ que veo a Fraga hablando de su crisis, recuerdo, como si la estuviese viendo, la pájara de Induráin. Y es que, cuando uno se cree omnipotente y desafía las leyes del tiempo, el cielo lo castiga con una pájara que ensombrece para siempre la impresionante hazaña de los cinco Tours . Por más que lo intentemos, y a pesar de la insondable generosidad que muchos le han demostrado, nunca volveremos a hablar de Fraga sin tener delante los acontecimientos de hoy. Porque, haga lo que haga, y cuente lo que cuente, lo único que quedará patente es que se olvidó de que sólo era un hombre, y que enfila el fin de su carrera en un cenagal de arenas movedizas. Para salvarse, y llegar maltrecho a las elecciones, Fraga tiene que ceder a todo lo que le pidan Baltar y Cuíña, y tirar por la ventana su fama de hombre de Estado. Porque si hace lo contrario, que equivale a sacar la espada flamígera y chamuscar a todos los que él mismo encumbró de la nada, cerrará su curriculum político con una severa derrota, y dejará el paso expedito a las huestes de Quintana y Pérez Touriño. Pero los males de Fraga no terminan ahí. Porque lo que de verdad le exigen los sublevados no es compartir un reinado que ya dan por descontado, sino tomar posiciones para la sucesión a cara de perro que esperan protagonizar en el medio de la legislatura, en la que se proponen erradicar de Galicia el marianismo político que encarna Alberto Núñez. Si Baltar hace la lista de Ourense a su antojo, y Cacharro la de Lugo, y Cuíña se cuela en Pontevedra, ¿qué futuro le quedan al vicepresidente primero y a Ana Pastor? Aunque Fraga forzó una autosucesión pensada para durar cuatro años e inaugurar la Ciudad de la Cultura, nadie duda de que habrá relevo antes de dos años. Y por eso tiene mucha lógica que Baltar no esperase sentado a que, a cambio de una candidatura que ya no tiene sentido, el propio Fraga se aviniese a ser el verdugo de las cabezas con boina. Manuel Fraga sale perdedor en todos los supuestos. Pero el clan de la boina aún tienen una oportunidad si Fraga decide quemar los vagones del tren para alimentar la caldera. Por eso forzaron la historia hasta hacer coincidir el yantar del Vilas con la fiesta de Santa Minia de Brión, que tiene fama de componer asuntos endiañados . El menú que Baltar le ofrecerá a Fraga sólo tiene tres platos: dimitir, entregar todo el poder a Ourense -¡viva Galicia ceibe!-, o tirar la toalla a los pies de Pérez Touriño. Y yo no tengo ninguna duda de que Fraga hará lo que siempre hizo en sus momentos cumbres: equivocarse de medio a medio.