Y en esto llegó Cacharro

OPINIÓN

EL ILUSTRADO Cacharro ha sido esclarecedor. La culpa de la insurrección ourensana del PP la tiene Madrid. Contundente. El presidente de la Diputación lucense irrumpe así en la trifulca de los populares gallegos. Y lo hace situándose al lado de los suyos. De los baltares y de los cuíñas. Al lado de los sediciosos. Llevamos casi dos semanas asistiendo al sainete que nos brindan los populares para divertimento general. Aguardamos ansiosos el desenlace. Nos sabemos de memoria las exigencias económicas y familiares de los insurrectos. No dormimos, preocupados por el futuro de Baltar junior. Sabemos que la revuelta está peor que el primer día. Y con todo este paisaje desalentador, menos mal que llegó Cacharro para clarificarlo. A decirles «a los de Madrid» que dejen de «querer gobernar el partido», en provincias. Lo que Cacharro ha querido decir es que los dejen seguir haciendo lo que hicieron hasta ahora. Que los dejen seguir manillando su coto privado, potenciando el clientelismo y dando trabajo a familiares, amigos y allegados. Que los dejen seguir organizando concursos de misses y montando negocios para competir con empresas privadas. Lo que Cacharro ha querido decir es que existe un caciquismo, que ellos representan, que les resulta muy beneficioso. Y que con él quieren continuar. Lo que Cacharro no ha dicho es que con esta forma de entender la política ha retornado a Lugo al XIX. Tampoco, que la provincia que él dirige es la que menos creció en España desde 1998. Ni que sólo uno de los 67 municipios a los que representa iguala la media española. Lo que Cacharro no ha dicho es que una legión de sus alcaldes y hombres de confianza tiene problemas con la justicia por culpa de los dineros públicos. Lo dijo el filósofo Wittgenstein: «De lo que no podemos hablar debemos guardar silencio».