CUANDO UN VALOR se adjetiva empieza a oler a chamusco . Franco, por ejemplo, no negaba la libertad, pero nunca supo definirla sin contraponerla al libertinaje. El Vaticano, a su estilo, también reconoce el valor de la sexualidad, pero nunca habla de ella sin calificarla de procreadora. Y Pedro Solbes, el boss económico de ZP, también presentó unos Presupuestos Generales muy solidarios con Galicia, aunque él mismo se sintió obligado a matizar que sólo se trataba -¡ojo al adjetivo!- de una solidaridad «en líneas globales». ¿Y qué significa eso de la solidaridad global? Pues algo así como que, si se mira sólo el Plan Galicia, o las inversiones destinadas a sacarnos del furgón de cola, estamos apañados. Pero que si se echa la cuenta de lo que le van a subir a nuestros infinitos pensionistas, y las becas que le van a dar a nuestros estudiantes, y las ayudas para la vivienda que van a recibir nuestros enamorados, y los fondos destinados a nuestros investigadores, vamos mejor que el año pasado. Lo malo, dirá usted, es que la solidaridad global no va sólo con Galicia, y que difícilmente puede evitar la desazón propia del que fue invitado a una mariscada y tiene delante un plato de patatas. Pero ahí está Solbes para aclararle que, tratándose de unos presupuestos solidarios, donde las pensiones bajas suben en mayor proporción que las altas, los miserables salen más beneficiados que los pobres, los pobres van mejor que los ricos. Y de ahí se deduce que, siendo Galicia una de las comunidades más pobres de España, salimos del trance pistonudamente tratados. ¿Que si yo me lo creo? No, claro. Pero yo no tengo ningún problema, porque nunca me fié del Plan Galicia ni sentí especial atracción por el paternalismo de Estado, ni antes, cuando Aznar lo expresaba en términos ásperos, ni ahora, cuando Zapatero derrocha talante y dulzura. Por eso me siento razonablemente satisfecho con unos presupuestos bien hechos, que no ceden a la presión de los discursos territoriales, y que eliminan la mayor parte de los trucos contables que le daban brillo y esplendor a las cuentas del PP. Siempre creí que el futuro de Galicia depende mucho más del buen gobierno que de los favores que nos hagan los amigos de Fraga o de Pérez Touriño. Y por eso no compartiré el memorial de agravios que va a irrumpir en la política de Galicia tan pronto como termine la opereta de Baltar. Claro que también a mi me gusta la coherencia. Pero en vez de juntarme a los que piden que Solbes ajuste sus presupuestos al discurso de ZP, prefiero que sea este el que ajuste sus discursos a los presupuestos de Solbes. Porque yo no quiero que me salven. Me parece suficiente con que me gobiernen.