EL LIDERAZGO de Fraga y la garantía de estabilidad eran las únicas ventajas comparativas con las que contaba el PP para intentar competir con éxito en las próximas elecciones autonómicas. Pues bien, el motín encabezado por Baltar, con independencia de cual sea el final de la aventura, ha neutralizado esas ventajas, ha hecho saltar por los aires las bases sobre las que, presumiblemente, se hubiese sostenido la campaña electoral conservadora, y ha proporcionado a la oposición un arma infalible, que le permite proteger sus puntos débiles y la hace invulnerable a los ataques del Partido Popular. En efecto, el liderazgo de Fraga, disminuido por su avanzada edad y seriamente tocado tras la catástrofe del Prestige, se ha desvanecido definitivamente; y la garantía de estabilidad, frente a las incertidumbres que todavía genera un hipotético gobierno de coalición PSOE-BNG, no puede ser ya invocada salvo como un dogma que, como todo dogma, requiere una gran dosis de fe inmune a la realidad, algo que, afortunadamente, no abunda entre los electores. Pero la precaria situación política del actual presidente de la Xunta se vuelve desesperada cuando se formula la siguiente pregunta: ¿Quién apoya realmente a Manuel Fraga?. Desde luego no parece que lo hagan Rajoy y sus seguidores que, siempre renuentes a la continuidad del patrón, se limitan a utilizarlo como instrumento para lograr el pleno control político del PPdeG, en detrimento de los sectores ahora amotinados. Tampoco éstos le han prestado nunca un apoyo sincero y desinteresado a Fraga. Si en el pasado le pidieron que continuara como candidato se debía, en unos casos, a su necesidad de ganar tiempo con el fin de recuperar sus perdidas posiciones de poder, en otros, para evitar una renovación del partido a la que por su valía política no hubiesen podido sobrevivir. En cualquier caso -se presente Fraga o decida retirarse, se consume o no la escisión, se adelanten las ecciones o se agote la legislatura- toda una época toca a su fin y el PPdeG necesita afrontar una profunda regeneración democrática que lo rescate de su actual estado de postración y lo libere de los graves vicios adquiridos durante la larga etapa fraguista. Porque, no hay que equivocarse, el erial político en el que se ha convertido el PPdeG es exclusiva responsabilidad de quienes, con Fraga a la cabeza, han dirigido dicho partido y el gobierno a lo largo de los últimos años. Decididamente, el PP necesita pasar un largo período en la oposición. Cuando una fuerza política da muestras de semejante agotamiento político no existe mejor terapia para una verdadera recuperación.