Escena

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

LO VISTO y oído siempre es lo mejor. No hay como observar. Hace un sol que parece mentira, al fin. A un tipo muy cabreado, cada vez más cabreado, se le oye decir: «¿Quieres estarte quieta? ¡Estate quieta, leche! Te voy a dar. Me vas a obligar a que te dé otra vez. No sé para qué le hice caso a ella. Yo no te quería. Y ella: venga, sólo una, y ahora hay que aguantarte. No te aguanto más. Toma, ya está bien. ¿No pararás? Mira, haz lo que te dé la gana. Corre, corre, ojalá te salgas a la carretera. Me tienes harto, muy harto. No te voy a soportar toda la vida. Allá tú. A ver si cruzas y te atropellan. Todos los días la misma historia. Ni un segundo de tranquilidad. Me voy a volver loco. Tienes que salir a la calle, meas cuándo quieres, caprichosa. Siempre hay que sacarte a pasear. Si no bajas al parque te da algo. En mal día, dije que sí». Estoy sentado en la terraza de una cafetería, levanto la vista de La Voz y me giro para ver al tipo del cabreo. Me pica el piojo de la curiosidad. Mi sorpresa es mayúscula. Menos mal que estoy sentado. Creía que se refería a una perra inquieta y veo a una niña preciosa, con unas coletas atadas con dos mickeys mouses, que no para de moverse. Me acuerdo de lo dar el pan a quien no tiene dientes. cesar.casal@lavoz.es