«Viva la muerte» en el Cáucaso

RAMÓN LUIS ACUÑA

OPINIÓN

EN EL EXTRARRADIO de Europa, entre Georgia y Rusia, se agita una región turbulenta, violenta, que está a punto de prender fuego a todo el Cáucaso. El triángulo formado por Chechenia, Ingusetia y Osetia del Norte, apenas unas decenas de miles de kilómetros cuadrados y algo más de un millón de habitantes, es hoy en día el más explosivo del hemisferio, donde se libra una guerra de guerrillas sin fin que dura ya diez años. En una escalada de desprecio por la vida humana, últimamente se han alcanzado allí cotas hasta ahora desconocidas, como el holocausto de Beslán en Osetia, del que se acaba de vanagloriar el líder separatista checheno Abdalá Chamil, reivindicando el secuestro y muerte de 339 personas, entre ellas más de un centenar de niños. Chamil, más conocido por el nombre de Shamil Basayev, se atribuye la autoría de la matanza por carta enviada al portal Kavkav Center, vía utilizada otras veces por los terroristas chechenos. Incluye esta acción execrable entre las «operaciones militares» que realiza su organización en territorio ruso, como la explosión de dos aviones en vuelo y el atentado terrorista de Rikaia en el metro moscovita, ambos el pasado mes de agosto. El tono de la carta, de pretendido parte de guerra, sobrecoge aún más al recordar los cadáveres infantiles. No hay excusa, esta frialdad e indiferencia ante la muerte es culpable, y esta respuesta a la represión de años pasados con la barbarie de ahora resulta abominable. Es un ¡Viva la muerte! en el Cáucaso. El horror desciende a honduras insondables, lo vemos en imágenes de televisión, en titulares, en descripciones, no queremos acostumbrarnos a él. ¿Cómo hacer para atajarlo, para solucionar el problema nacionalista que está en su origen? Rusia, Estados Unidos, la Unión Europea asisten desconcertados al conflicto checheno optando por defender la postura de Moscú y cargándose de razón ante los actuales desmanes de los independentistas. No se rechista cuando los rusos restringen libertades federales y democracia en nombre de la lucha antiterrorista. Se da carta blanca a Vladimir Putin. Y Putin quiere someter a los separatistas, vencer y no convencer, estima que toda negociación es una concesión a la debilidad. No tuvo suerte Rusia con este dirigente duro, inflexible, de una insensibilidad casi irreal que niega la evidencia en los momentos en que Rusia más necesitaba inteligencia y habilidad. Con él, la tragedia de Chechenia aún durará mucho tiempo.